BOCADOS ETERNOS

GRASA PARA TODOS por OSVALDO PEUSNER 19 de diciembre 2014 El encuentro de Sandy con Danny en el año 1978 quedó inmortalizado por medio de la película “Grease”, traducida a “Vaselina” en Hispanoamérica y “Brillantina” en España y Chile, nombres que le dieron al tema una connotación sexual, en el primer caso, y una superficial, en el segundo, mientras conservaba su ambigüedad entre “grasa” y “fijador” en el idioma inglés, lo que dejaba ubicada la cuestión entre la mecánica y la estética, el ruido y la vanidad, significados que no le dieron mayor oportunidad a la pareja de jóvenes para alcanzar planos de relación más profundos que el del rock and roll y las picadas de automóviles. Además, no siempre una relación se inicia, se reduce o se limita al canto feliz de los pájaros del avellano, como en La Cenicienta de los hermanos Grimm, pues también están el ruiseñor y la alondra para señalar la noche y la mañana, respectivamente, en Romeo y Julieta de Shakespeare, o la tristeza de la paloma en el Cucurrucucu Paloma de Tomás Méndez, así sea cantado por Rocío Durcal, Joan Báez o Caetano Veloso (1). En el caso de nuestros dos estudiantes del Instituto Rydell, el canto necesariamente tuvo que ser el de las gaviotas que los reconocieron en la playa. Pero la realidad siempre nos resulta más inverosímil que la ficción pues, como bien saben los lectores, el tiempo tiene efectos sorprendentes sobre las relaciones de pareja. En este caso, al cabo de varias décadas del “we’re all together now” de los teenagers, Danny y Sandy reaparecieron como vicariantes en el hemisferio sur tras las identidades de Lito y Estela, respectivamente, “desengrasados” físicamente, “desparejos” en una decena de años y dos decenas de kilos en favor del varón, pero aún equilibrados en pasión táctil y visual hacia sus partenaires. Pero no todo seguía igual entre ellos dos. A Estela le había dado por viajar con sus amigas para comer platos exóticos en países más exóticos aún, mientras Lito no aprendía a alimentarse por fuera de las minutas. Casi podría decirse que ella buscaba saborear bocados de la eternidad mientras que él buscaba eternizar los bocados. Estos cambios habían afectado el espíritu de Lito que, con mayor frecuencia, visitaba al Dr. Charles, un afamado analista de Barrio Norte, a quien, casualmente, podemos captar casi en el comienzo de una sesión preguntando: – ¿No le parece exagerado deprimirse solo porque ella se fue a Lima a comer ceviche con las amigas? – No estoy seguro – le respondió un Lito temblequeante en pleno verano porteño -, quizás me deprimo o me entristezco o me siento morir cada vez que se va. Le aseguro que algo me pasa. – ¿No tendrá hambre? – insistió el psiquiatra -. Mire que, con frecuencia, las manifestaciones del hambre se confunden con la bipolaridad. Al escuchar este último término, la mente del paciente se hundió en palabras, en significantes, en homofonías, en ambigüedades lingüísticas. Recordó términos de las ciencias naturales usados insatisfactoriamente por la clínica, como estrés, cristalización, sublimación y la misma bipolaridad. Se sonrió antes de responderle a Charles con la cabeza: – No, no es hambre, es un sentimiento. Ahora quien miró con recelo o desconcierto fue el psiquiatra. La expresión estaba en la atmósfera aunque los argentinos la usábamos en frases de muy poca sustancia: la Argentina es un sentimiento, Racing es un sentimiento, el sentimiento es un sentimiento. Su próxima intervención buscaba enfocar con mayor precisión: – ¿Qué sentimiento, Lito? En este punto solo salieron de su boca las palabras más frecuentes del lenguaje poético, del psiquiátrico y del policial: abandono, admiración, alegría, amistad, amor, angustia, ansiedad, ardor, avidez, calma, congoja, curiosidad, derrota, deseo, devoción, dolor, duda, envidia, esperanza, fastidio, fervor, impaciencia, ira, melancolía, miedo, nerviosismo, odio, orgullo, pasión, rabia, soledad, temor, ternura, tristeza. Ahora el analista reveló mucho más que sorpresa. No dejó de expresarlo: – ¿Usted siente en orden alfabético? – No lo había notado – respondió Lito, sin dejar de recordar que se había dedicado a la química porque su nombre estaba emparentado con el litio y con las litografías y que, además, todos los químicos están marcados por el ordenamiento de la Tabla Periódica de Mendeleyev, la que tuvo su origen en la mente de Dmitri que necesitaba ordenarse dentro de una casa con diecisiete hermanos. Fue el instante que Charles aprovechó para introducir su discurso inolvidable: – Lo invito a almorzar. Lito miró a su analista sin mirarlo. ¿Habría entendido bien?, se preguntó. ¿Para qué un almuerzo en un tratamiento? Seguramente sale del encuadre, por más que, como paciente, jamás entendió demasiado esas cosas de la profesión. Entonces, Lito también fue capaz de emitir su propia pregunta histórica. – ¿Para qué? (2) Y Charles efectivamente saliéndose de su papel, o entrando auténticamente en él por vez primera, le prodigó su mejor ofrenda verbal: – Para que salve su pareja. – ¿Almorzando con usted? – preguntó ahora un Lito muy desalentado. Charles le explicó entonces que almorzarían una comida similar a las que debía de estar disfrutando Estela en Lima pero en un restaurante peruano de Buenos Aires. Lito rechazaba sacudiendo su cabeza a uno y otro lado, mientras su analista hacia el gesto contrario con la energía de un equino positivo. – ¿Qué platos? – se arriesgó a preguntar Lito anticipando un principio de asco. – Un tiradito Nikkei de salmón rosado y una causa con centolla – sentenció Charles -. Comida de autor en el Botánico. – ¿Es necesario? – insistió el paciente casi desahuciado. El analista sonrió con la baraja ganadora en mano. – Sólo si quiere evitarse la separación, el trato con los abogados, las cartas documento, la mediación, la negociación, el acuerdo, la división de bienes, la mudanza, la depresión, los psicofármacos, las reuniones de solos y solas, el crucero, el baile de la escoba, la botellita y la sorpresa al descubrir que su nueva relación ya comía los mismos platos que le gustan a su mujer actual o que le gustarán apenas la alcance la influencia de la moda. – Yo no voy a buscarme una loquita de moda – se defendió Lito al verse perdiendo la batalla. – ¡Ajá! – replicó el analista satisfecho de poder emitir la interjección favorita de la psiquiatría -. Seguro que no va a ser una loquita por razones de edad, pero es igual, las locas ya no siguen la tradición o la costumbre. Verá que gastan una fortuna en ropa aún para estar con un desaliñado como usted. En ese momento, Lito tuvo que digerir el discurso de Charles, encontrarse más tarde con él en el restaurante, escuchar las explicaciones eruditas sobre la comida y el autor, comer ahogando los sabores en la bebida, beber sin saber beber y, finalmente, volver a casa donde aguardaría la llegada de una Estela exuberante. Rato después se producían uno tras otro los pasos habituales del retorno. Primer llamado celular desde el avión recién aterrizado en Ezeiza, segundo llamado desde el Free Shop, tercer llamado durante el trayecto del taxi, cuarto y último llamado estando a pocas cuadras de casa. El taxi estacionó delante del edificio, el taxista descendió, Lito abrió la puerta de Estela para que ella descendiera y le diera el beso ritual, el taxista saludó cortésmente a un marido que le ahorraría la extracción de bultos del baúl, el mismo taxista cobraría con gentileza, volvería al volante y arrancaría, mientras el matrimonio ingresaría al lobby del edificio remolcando la valija con ruedas. Una vez más en la vida, en el reducido volumen de un ascensor y al notar el inesperado brillar de los ojos del otro, Estela y Lito comenzaron a abrazarse y besarse tan despiadadamente como despiadado fue el ruidoso reclamo de los vecinos que aguardaban la llegada del mismo ascensor sólo para hacer los desplazamientos verticales propios de la vida en horizontal. En el octavo piso, la puerta fue abierta por una vecina que los miraba con enojo y reprobación desde el palier compartido. – ¿No podían entrar al departamento para sexualizarse? – les disparó con furia. – El octavo queda tan lejos – respondió Estela sin el menor pudor. Y pocos instantes después de que dejaran la valija en el living, ella se dirigía a Lito haciéndole arrumacos -. Papi, ¿me llevás a cenar? Lito pensó en el restaurante de su analista y se preparó para gritar todo su desagrado. Pensar en comer por segunda vez en el día la misma comida, en el mismo lugar, con el mismo aparato digestivo era un mismo e inmerecido castigo. Afortunadamente no llegó a reaccionar espontáneamente. Hizo una pausa para preguntar: – ¿Y qué te gustaría cenar? Aunque persistiendo en su brillo original, los ojos de Estela se volvieron repentinamente soñadores para decir: – Una hamburguesa con fritas, porfi. – ¿Qué? ¿Volvés de un viaje “bon vivant” y querés cenar en un fast food? – atinó a decir el siempre desconcertado Lito -. ¿Qué te pasó? – ¡Me mató el cilantro!- exclamó una Estela deshecha en llanto (3). Y le contó que el cilantro había invadido las comidas mejicanas, peruanas, colombianas y hasta las más remotas y exquisitas de la India, dándoles un sabor que oscilaba entre lo sublime y lo repugnante dependiendo de un gen que tiene una décima de la población, en el primer caso, y el resto para el segundo. Incluso, algunos peruanos del segundo grupo llegaron a bautizar a la sustancia con el nombre de “culantro”, por razones que no están en el nivel de mi texto y, menos aún, en el de los respetables lectores. Por supuesto, le confesó a Lito que, como por nacimiento ella pertenecía al segundo de los grupos, había quedado totalmente excluida de las rondas de estética gastronómica. Gimió varias veces antes de sentir un nuevo abrazo, recomponerse medianamente y escuchar la pregunta: – ¿Dónde te gustaría comer? Estela se sintió en falta ya que si bien sabía mucho de restaurantes exóticos, hindúes, japoneses, polinesios, peruanos, franceses y de autor, en el rubro de las comidas rápida era otra cosa. – Elegí vos, por favor, donde más te guste – dijo ella apelando a la ternura. Poco después, devorando junk food como los mejores, la mujer descargaba su angustia contándole todo a un Lito que lamía sus dedos, los sachets y las mismas servilletas con restos de ketchup, mostaza y mayonesa. – Todo mal en el viaje, no sólo el cilantro – prosiguió una Estela verborrágica -. Tuve problemas hasta en el “check in” del hotel. Lito se sonrió porque conocía muchos tipos de problemas que podían surgir al llegar a los hoteles. Ahora ya en franca carcajada y sintiéndose momentáneamente trasladado a su lejana adolescencia, Lito cometió el error de decirle a Estela tres palabras prohibidas, las más parecidas a un saber filosófico que podían surgir en su limitada mente: – Tell me more! (4) Fueron las palabras mágicas que determinaron el retorno de los vicariantes del Norte a nuestra historia, que el lobo marino se volviera foca; la tonina, delfín; la llama, camello y que Estela y Lito se convirtieran en Sandy y Danny para toda la eternidad … y un día más.

 

1) Cucurrucucú Paloma, Pedro Infante https://www.youtube.com/watch?v=JU-lANuwEbc,

2) Mi querido analista Fernando Ulloa disfrutaba cuando lo llamaban “doctor para qué”.

3) Le debo este chisme sobre el cilantro a mi amigo Ricardo, sí el mismo que nunca me entregó los bombones BACI que muy gentilmente me había enviado Carla desde Italia, que leyó un artículo sobre el gen del cilantro escrito por Rafael Spragelburd ( http://www.perfil.com/contenidos/2014/12/06/noticia_0014.html) , quien tampoco parece creer demasiado en la veracidad científica de “los investigadores” de la gastronomía pero gracias a cuya información, bastante imperfecta, pude redactar mi cuento. Valga entonces mi agradecimiento para Spragelburd, para Ricardo, para los investigadores, los divulgadores, los restaurantes gourmet, los comensales, los hipertensos y alguien más que no recuerdo en este momento. Igualmente me tomo la libertad de recordarles que el cilantro (Coriandrum sativum) es una hierba opiácea aromática, usada como condimento desde tiempos remotos en Asia, e introducida en América en 1670, según algunos y que el culantro, con el que se confunde con frecuencia, corresponde a otra especie, Eryngium foetidum, que es también otra hierba aromática, pero sus hojas son denticuladas o aserradas en los bordes, y puyan al cogerlas. En otros términos, todo este cuento no tiene sentido y se basa en la falta de rigor científico y el prejuicio de mucha gente. Pero ¿cómo hago para decirle a usted que no lo siga leyendo?

4) ¡Dime más o cuéntame más! https://www.youtube.com/watch?v=E2HV987arCA

PERFIL/PROFILE
¿Quién es Osvaldo? Who is Osvaldo?
o (Si llegara a leerme demasiado tarde)
or (if you happen to read me a bit late)
¿Quién fue Osvaldo? Who was Osvaldo? (but don't get sad yet)
Osvaldo recibió tres títulos del M.I.T.: uno laboral, en ingeniería química; otro secante, en Filosofía, y otro humectante, de guardavidas de la Cruz Roja Internacional. Valga aclarar que nunca salvó a nadie.
Osvaldo obtained three degrees at M.I.T.: a major one in Chemical Engineering, a minor one in Philosophy, and a medium one in Lifesaving. Of course, he never saved anybody’s life.
Osvaldo practicó el humor antes del despido en sus variadas actividades:
Osvaldo practiced humour before he was fired from the numerous jobs and activities that he engaged in and we list below:
- como profesor de Humor en la Literatura en el MUSEO MALBA,
- Professor of Literary Humour at the MUSEO MALBA (Argentina’s MOMA),
- como Director de ingreso del I.T.B.A. entre los años 2000 y 2003 y profesor de Dirección de Proyectos durante 8 años en la misma institución,
- Dean of Admissions from 2000 to 2003 at the Buenos Aires Institute of Technology and full professor in Project Management during 8 years at the same institution,
- como Gerente de proyectos de la Organización TECHINT durante 10 años,
- Project Manager during 10 years at Techint, the largest engineering, procurement, and construction company in Argentina,
- como director de producción de la MINA ÁNGELA, yacimiento de oro, plata, cobre, plomo y zinc en la Patagonia, donde ni siquiera supo hacerse rico,
- Production Manager at MINA ÁNGELA, a gold, silver, copper, lead, and zinc mine where he didn’t become rich at all,
- como ingeniero en procesos de nylon de DUCILO (Du Pont Arg),
- Process engineer at DUCILO’s (DU PONT fibers) nylon factory in Berazategui, State of Buenos Aires, where he studied women’s stockings and underwear rather than women themselves,
- como profesor de Teoría del conocimiento y Metodología de la investigación en la U.T.N. Gral Pacheco, que durante su gestión se llamaron Teoría de la Ignorancia,
- Professor in Theory of Knowledge (Episthemology) at the UTN (National Technical University) graduate school, a course familiarly identified as Theory of Ignorance during his times,
- como escritor de fracasados libros y aburridos artículos, que actualmente están ubicados en las mesas de liquidación del Parque Rivadavia,
- writer of various unreadable books and many most boring articles,
- como columnista radial en FM CULTURA y RADIO DE LA CIUDAD, donde gracias si, por distracción, lo escuchaba algún colega de la mesa,
- radio commentator for FM CULTURA and AM RADIO DE LA CIUDAD,
- como coordinador de talleres literarios de niños, adolescentes y grandes,
- coordinator of literary worshops for children, teenagers and adults,
- como jugador de vóleibol de primera división de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, donde aprendió a vivir a los pelotazos.
- first division volleyball player for Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, one of the four top teams in the local league.

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