RESCATANDO A CERVANTES

LECTURAS RIGUROSAS por Osvaldo Peusner 26 septiembre 2014 Pocos años atrás, un vendedor del Corte Inglés me informaba que no tenía ninguna enciclopedia para mi computadora puesto que ya no se fabricaban las enciclopedias en colección de discos y que me fuera preparando para el momento, demasiado próximo a su entender, en el que nadie podría identificar a Cervantes sin llamarlo previamente desde su teléfono celular o simplemente consultando el nombre del escritor con ayuda de un buscador del aparato. La graciosa exageración revelaba la angustia del vendedor madrileño por este mundo que cambia su forma y su fondo a un ritmo muy difícil de comprender para quienes nos hemos formado antes del nacimiento de las computadoras, las tabletas y los celulares, desarrollando así pensamientos dignos de un rigor cartesiano con falencias dignas de una lógica quijotesca. Claro, podrían decirme, no somos seres perfectos pero, al menos, llegamos a leer la vida y la obra de don Miguel de Cervantes Saavedra en la escuela secundaria, lo que, puede creerse, nos lleva a andar por el mundo más caballerescamente y con mejor paso que el de los enchufados telefónicos de la actualidad. Pero antes de considerar el tema en mayor detalle, en una próxima ocasión, quisiera hacerme la pregunta: ¿quién lee realmente lo que está leyendo? Veamos, hasta don podemos ver, y olvidémonos ahora de nuestro amigo Ítalo Calvino que considera a los “clásicos” como libros que leemos por nuestra voluntad o sin ella, ya que están presentes en la misma atmósfera en la que vivimos, que están incorporados a nuestro paradigma y que, en ocasión de leerlos, nos resultan conocidos por su enorme influencia sobre nuestra cultura, lo que convierte a nuestra primera lectura de un clásico casi en una relectura del mismo. Nuestro vínculo con la obra cumbre de Cervantes es tan cercano que no dejamos de tomar a don Quijote como al ejemplo del hombre de carácter exageradamente idealista, a Sancho como al de la sabiduría primitiva, a Dulcinea como al de la mujer de belleza rústica, al “luchar contra molinos de viento” como un símbolo de la obstinación en los proyectos, al “ladran Sancho, señal que cabalgamos” (1) como un indicador de la valoración de la crítica, y a los siguientes refranes del caballero andante como acervo cultural: “más vale una palabra a tiempo que cien a destiempo”, “nunca fue desdichado amor que fue conocido”, “bien predica quien bien vive”, “cada uno es artífice de su propia ventura”, “donde está la verdad está Dios”, “por la calle del ya voy, se va a la casa del nunca”, “cada uno es hijo de sus obras”, “nada hay más pequeño que un grande dominado por el orgullo”, “el que no madruga con el sol, no goza del día”, “el amor es deseo de belleza”, “la pluma es la lengua del alma”. Tanta sabiduría del autor y tanto registro del lector, sin embargo, dejó claros y lagunas en medio de los temas cervantinos que harían sonreír a nuestro interlocutor madrileño. ¿Quién de nosotros no recuerda el mote con el que se inmortalizó a don Miguel? Sí, casi con seguridad, todos diremos “el manco de Lepanto”. Podrían entonces surgirnos dos preguntas inmediatas. Una de ellas es lógica y morbosa a la vez: ¿cómo pudo escribir así cuando le faltaba una mano? Sabemos que el 7 de octubre de 1571 “de la dicha batalla naval (Lepanto) salió herido de dos arcabuzazos en el pecho y en una mano, de que quedó estropeado de la dicha mano. De ahí procede el apodo de manco de Lepanto. La mano izquierda no le fue cortada, sino que se le anquilosó al perder el movimiento de la misma cuando un trozo de plomo le seccionó un nervio.” La segunda pregunta es: ¿qué hacía don Miguel en Lepanto? Combatió en la batalla que fue “la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros”, según él mismo escribió en el prólogo de la segunda parte del Quijote. Agreguemos una tercera pregunta, entonces, que se hace necesaria debido a los olvidos históricos que pueden ocasionarnos casi quinientos años de distancia entre Lepanto y nuestros tiempos, a los que debemos agregarle sesenta años de televisión argentina. ¿Quiénes combatían para que Lepanto fuera la batalla naval de la Historia? Los libros nos dicen que se trataba de dos flotas: la de la Liga Santa y la del Imperio Otomano. No parece demasiada información. Nuestro lado siempre es santo y el otro, el contrario, es endemoniado. Veamos un poco más para aclarar la situación. La Liga Santa fue convocada por el Papa Pío V cuando los otomanos invadieron Chipre, una colonia veneciana, y reemplazaron a todos sus habitantes por otomanos. El reemplazo no fue votado por el congreso chipriota, la llegada de los otomanos no fue aplaudida por los anfitriones y el destino de los habitantes desplazados no lo comentaremos para mantener el decoro del relato pero, para el lector más curioso, fue semejante al que, en la actualidad, puede leerse en las noticias sobre la sangrienta guerra civil en Siria y al que padecieron los cristianos de Constantinopla en su momento. Lo cierto es que los otomanos, que también eran llamados turcos, en el plano religioso eran musulmanes seguidores del Corán, mientras los venecianos eran principalmente cristianos occidentales, ya que los cristianos orientales helénicos poco podían aportar pues habían quedado desmembrados a partir de la caída de Constantinopla en el año 1453. También fueron invitados a participar los franceses quienes, una vez más, no llegaron a tiempo pues o no pudieron entender la pronunciación deficiente de los españoles o no pudieron digerir la supremacía de la flota ibérica o se inclinaron por negociar con los otomanos. Fue así que la invasión de Chipre se entendió como un paso de los musulmanes para tomar las costas del Mediterráneo en dirección de España, donde ya habían estado afincados durante siete siglos, hasta su expulsión por parte de los Reyes Católicos en 1492, al principio simplemente como árabes, dado que hablaban en árabe, y más tarde, cuando se islamizaron, como musulmanes. Volviendo ahora a nuestro caso, “recordamos que el dicho Miguel de Cervantes estaba malo y con calentura, y el dicho capitán… y otros muchos amigos suyos le dijeron que… estuviese quedo abajo en la cámara de la galera; y el dicho Miguel de Cervantes respondió que qué dirían de él, y que no hacía lo que debía, y que más quería morir peleando por Dios y por su rey, que no meterse so cubierta… Y peleó como valiente soldado con los dichos turcos… Y acabada la batalla, como el señor don Juan supo y entendió cuán bien lo había hecho y peleado el dicho Miguel de Cervantes, le acrecentó y le dio cuatro ducados más de su paga…” y recordamos también que el pedido de quinientos escudos de oro (2) por parte de los piratas argelinos que secuestraron a don Miguel posteriormente se inspiraba en la calidad de las cartas de recomendación de don Juan de Austria y del Duque de Sessa que le encontraron encima más que en las posibilidades económicas reales del escritor, quien tendría que haber tenido el mismo comportamiento heroico en otras ciento veinte batallas como la de Lepanto para poder pagar su rescate. Afortunadamente, durante su cautiverio africano, don Miguel pudo atesorar las aventuras que viviría el desaliñado caballero andante de su imaginación y pudo rezar al cielo para que su futuro best-seller fuera apenas segundo detrás de la misma Biblia del Creador que le recibía las plegarias y que el gentil vendedor del Corte Inglés tampoco pudo ofrecerme.

 

(1) Ladran, Sancho, señal que cabalgamos [sic, por «Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos»]. Variante: «Ladran, atribuida a Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, no aparece en ninguna parte del libro. El origen, según Arturo Ortega Morán es el poema Labrador (1808) de Goethe: «Pero sus estridentes ladridos / sólo son señal de que cabalgamos». La adición del nombre Sancho se produjo, por error, en algún momento de la primera mitad del siglo XX.[1] Eva Perón utilizaba esporádicamente esta frase. Podría ser, igualmente, una forma evolucionada del proverbio árabe “perros ladran, la caravana pasa”, bien conocido en la España medieval y que también pasó al acervo de refranes judeo-españoles. En su forma actual se recoge también en la versión cinematográfica de Don Quijote, de Orson Wells. Una variante: «Ladran, Sancho, señal que son perros”’. (2) Valga aclarar que el valor de las monedas europeas de la época también tuvo su fluctuación a lo largo del tiempo. Para mantener la coherencia de la historia, se usará su equivalente en oro. El ducado pesaba 3,60 gramos en oro; el escudo o corona, 3,40 gramos de oro. Los 500 escudos, equivalían a 1700 gramos de oro o 472,22 ducados o 118 premios por heroísmo en la batalla de Lepanto.

PERFIL/PROFILE
¿Quién es Osvaldo? Who is Osvaldo?
o (Si llegara a leerme demasiado tarde)
or (if you happen to read me a bit late)
¿Quién fue Osvaldo? Who was Osvaldo? (but don't get sad yet)
Osvaldo recibió tres títulos del M.I.T.: uno laboral, en ingeniería química; otro secante, en Filosofía, y otro humectante, de guardavidas de la Cruz Roja Internacional. Valga aclarar que nunca salvó a nadie.
Osvaldo obtained three degrees at M.I.T.: a major one in Chemical Engineering, a minor one in Philosophy, and a medium one in Lifesaving. Of course, he never saved anybody’s life.
Osvaldo practicó el humor antes del despido en sus variadas actividades:
Osvaldo practiced humour before he was fired from the numerous jobs and activities that he engaged in and we list below:
- como profesor de Humor en la Literatura en el MUSEO MALBA,
- Professor of Literary Humour at the MUSEO MALBA (Argentina’s MOMA),
- como Director de ingreso del I.T.B.A. entre los años 2000 y 2003 y profesor de Dirección de Proyectos durante 8 años en la misma institución,
- Dean of Admissions from 2000 to 2003 at the Buenos Aires Institute of Technology and full professor in Project Management during 8 years at the same institution,
- como Gerente de proyectos de la Organización TECHINT durante 10 años,
- Project Manager during 10 years at Techint, the largest engineering, procurement, and construction company in Argentina,
- como director de producción de la MINA ÁNGELA, yacimiento de oro, plata, cobre, plomo y zinc en la Patagonia, donde ni siquiera supo hacerse rico,
- Production Manager at MINA ÁNGELA, a gold, silver, copper, lead, and zinc mine where he didn’t become rich at all,
- como ingeniero en procesos de nylon de DUCILO (Du Pont Arg),
- Process engineer at DUCILO’s (DU PONT fibers) nylon factory in Berazategui, State of Buenos Aires, where he studied women’s stockings and underwear rather than women themselves,
- como profesor de Teoría del conocimiento y Metodología de la investigación en la U.T.N. Gral Pacheco, que durante su gestión se llamaron Teoría de la Ignorancia,
- Professor in Theory of Knowledge (Episthemology) at the UTN (National Technical University) graduate school, a course familiarly identified as Theory of Ignorance during his times,
- como escritor de fracasados libros y aburridos artículos, que actualmente están ubicados en las mesas de liquidación del Parque Rivadavia,
- writer of various unreadable books and many most boring articles,
- como columnista radial en FM CULTURA y RADIO DE LA CIUDAD, donde gracias si, por distracción, lo escuchaba algún colega de la mesa,
- radio commentator for FM CULTURA and AM RADIO DE LA CIUDAD,
- como coordinador de talleres literarios de niños, adolescentes y grandes,
- coordinator of literary worshops for children, teenagers and adults,
- como jugador de vóleibol de primera división de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, donde aprendió a vivir a los pelotazos.
- first division volleyball player for Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, one of the four top teams in the local league.

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