LOS COMIENZOS DE LA PSICOCHOCOLOGÍA

Chocodrama

(Los comienzos de la Psicochocología)

Osvaldo Peusner

12 de noviembre de 2013

 

Nunca pensé que yo iniciaría una revolución en el campo de la psicología y menos aún en el del psicoanálisis. Tampoco estoy seguro de haberla realizado, pues todo quedó casi en el mismo sitio donde estaba aunque, por un momento, el sacudón llegó a captarse  en los sismógrafos. Valga aclarar que nunca había pensado demasiado ni en revoluciones, ni en divanes, ni en la vida, ni en el trabajo, ni en la sociedad, ni en la familia, ni en los amigos, “siete nis” para diferenciarme de los “dos nis” de quienes ni trabajan ni estudian, los “ni ni” que parecen estar de moda en la actualidad argentina. Ni siquiera el gran Beto Mazurka,”mi” analista y entonces renombrado profesor universitario, había podido acercarme a la cuestión psicoanalítica. Ante su invitación para estudiar con él, recuerdo haberle dicho:

– Pero,  doctor, usted sabe que a mí ni siquiera me interesa la gente.

Y más aún recuerdo su inmediata contestación:

– Mejor todavía; es la condición de perfecta para llegar a ser de los buenos en la materia.

¿Yo analista?

¿Para escuchar el discurso de pacientes ociosos o molestos o maleducados o ausentes? Tal vez desde otro lugar. ¿Podría llegar a convertirme en un nuevo Freud, una Klein, un Lacan, un Winnicott, un Jung, una Dolto?… (1) ¿Me interesaría?… No, verdaderamente no… aunque tampoco entendía muy bien el significado de la cosa. Lo que sí comprendí era que, a partir de aquella ocasión, el Beto solo vería en mí a un futuro colega. Decidí entonces cruzar charcos y pantanos, y mudarme al consultorio de Carla para no tener que salir fuera del territorio estrictamente Palermo-lacaniano, aunque  desplazándome varias cuadras hacia la periferia de la Villa Analítica (2). Como ven, y espero comprendan, no dejo de ser  un auténtico villero del psicoanálisis.

Fue un cambio feliz ya que Carla se dedicó mucho más al análisis  que a la docencia analítica hasta que… si, hasta que… si, hasta que algo nos falló. Digo bien: nos falló. Bueno, no sólo a nosotros dos, como verán. Y la falla tuvo que ver con una cuestión más ligada a la moda radial del momento que al consultorio, donde  los conceptos de “pase” y de “corte” se confundieron por obra y gracia del azar, de los dioses, de la farmacología, de mis oídos y de algún descabellado  pastelero. Si me tienen un rato más de paciencia, podrán seguirme paso a paso, corte a corte, y saber tanto como o más que yo sobre el tema.

Todo empezó con la llegada de las fiestas. No se ría, por favor. Ni me burlo ni trato de ser ingenioso. Una historia bien puede comenzar al finalizar el año así como finalizar a principios de año. Lo importante es que sea una historia o un cuento o algo digno de lectura. Pero ya habrá notado que esto que lee no es cuento porque el cuento tiene una normativa muy rígida, desde la época de Edgar Allan Poe (3), y menos aún una historia porque ni el fantasioso Heródoto (4), ni el científico Tucídides (5) ni el ameno Jenofonte (6) la aceptarían como tal, aunque en la actualidad, desde nuestra óptica, a ellos tampoco los aceptaríamos como historiadores.

Fue antes de la Navidad de dos mil…, necesariamente antes del Año Nuevo del mismo año del tercer milenio, en la ciudad de Buenos Aires, uno de los polos psicoanalíticos del planeta. No, no se adelante, no es la razón de tanta bipolaridad entre nosotros. Además, recordemos que la bipolaridad, como tantos otros nombres tomados a préstamo de las ciencias naturales, disminuye en precisión al mudarse de disciplina. Sin llegar a los extremos de la fatiga, un concepto que en ingeniería tiene relevancia técnica y económica pues vincula la rotura de los materiales con los esfuerzos mensurables a los que estos mismos materiales son sometidos en el tiempo, en medicina la definición se vuelve difusa para convertirse en “una sensación de falta de energía, de agotamiento o de cansancio”, que “no es lo mismo que la somnolencia”, la que, junto a la apatía, “pueden ser síntomas que acompañan a la fatiga”, que “puede ser una respuesta normal e importante al esfuerzo físico, al estrés emocional, al aburrimiento o a la falta de sueño” (7), la bipolaridad pasa de ser una medida fisicoquímicamente precisa de las tensiones dentro de una molécula, consecuencia de las cargas eléctricas de los componentes así como de la geometría molecular (8), para convertirse en una palabrota psiquiátrica que sólo sirve o bien (9) para internar a un ser humano o bien (9) para justificar las variaciones en el ánimo de quien la ciencia médica denomina “maníaco-depresivo”, sin tener en cuenta que los únicos estables y sin picos anímicos o están medicados o muertos o atendidos por profesionales que creen en la estabilidad de los manuales (10), de los psicofármacos y de los congresos organizados en los hoteles más opulentos del mundo por las curiosamente generosas empresas farmacéuticas que honestamente creen y persiguen picos en sus ingresos. Pero ya estoy tan lejos del polo psicoanalítico que usted me creerá sin rumbo y sin señalarle correctamente los dos polos del par. Lo hago ahora y me vuelvo rápidamente a mi escrito aún sin género, pero sin degenerar. Un polo para los analistas; el otro polo para los pacientes. Siempre dos. Volviendo entonces a las fiestas del año…, simplemente agrego el tradicional regalito de fiestas para mi analista: un modesto paquete con tres bombones de chocolate. No se moleste, por favor, y no me diga que ya leyó más de novecientas palabras para enterarse de que “para las Fiestas, yo le regalé a mi analista un paquete de tres bombones Ferrero-Rocher” (11). ¡Gran cosa!, pensará. Una noticia del montón, miserable, inútil para la creación artística o para el análisis del tema. Como le dije anteriormente: paciencia. Verá que el episodio no fue igual a los que usted conoció y que tengo derecho a considerarlo único y, como tal, a proponerlo para la lectura. Porque a diferencia de otros casos, yo le entregué a Carla el paquete que escondía en mi bolsillo derecho de la campera azul oscuro en el momento de la despedida en lugar del momento de la bienvenida, es decir, en el interior del lobby junto a la puerta enrejada del edificio detrás de la que esperaba la próxima paciente, una joven de ojos sonrientes menos ansiosa por saludarme que por heredar fugazmente tanto el discurso de “mi” analista como el calor de mi sillón antes de cedérselos al siguiente y serial paciente en este raro baile de la escoba (12) que se practica entre concurrentes anónimos a consultorios psicológicos identificables. Le ruego que preste ahora su más cálida atención pues aquí comienza a romperse el paradigma histórico. (No me diga más tarde que se lo perdió porque no le advertí con la debida anticipación). Al ver a mi simpática sucesora, extraje del bolsillo izquierdo de mi campera un segundo paquete de tres bombones y, extendiendo mi brazo hacia la joven, se lo entregué en mano diciéndole unas palabras que concentraron lo mejor de mi acervo retórico, luego de una vasta carrera universitaria, numerosos discursos en aulas magnas, entrevistas en radio y televisión (13), y que me tomo la libertad de sugerirles anotar y guardar en sus libretas celulósicas o electrónicas, sin temor a que les reclame los derechos de autor, para que las apliquen a cualquier situación festiva similar en la que se encuentren; dije así: ¡Felices Fiestas!

La chica (no uso el diminutivo con intención peyorativa sino porque mi edad seguramente triplicaba la de ella, a pesar del reciente teñido de mi cabello y de mis cejas y de mis treinta cuadras diarias, y no incluyo su nombre porque lo desconozco y porque, entre lacanianos, cabalistas, cristianos y políticos, los nombramientos parecen estar más relacionados con el espanto que con los felicidad) no pareció conmoverse un ápice (14). Creo que se alegró y punto, ya que le imaginé decir o le escuché un “gracias” mientras se alejaba en dirección del ascensor devorando el primer bombón de chocolate mientras jugueteaba con el segundo y el tercero para que no se desviaran del rumbo esófagico de la víctima inicial.

¿Qué no hay arte sino fisiología en mi relato? Hasta aquí podría discutírmelo (injustamente, pero usted podría hacerlo); sin embargo, aguántese un rato más y verá que yo tengo razón. Espere a que dé la media vuelta, no la media vuelta del bolero machista (15) que dice haber compuesto Luis Miguel aunque ya se cantaba antes de que él naciera, sino la media vuelta del movimiento circular que nos legó Galileo Galilei por medio de sus Discorsi (16), una media vuelta uniforme y armónica, compuesta por dos movimientos rectilíneos en ángulo recto que me dejará el alma en el mismo lugar, luego de cada dos medias vueltas, bastante ajeno al primer beso de la primaria, cuando las compañeritas daban la media vuelta con la paloma blanca y el verde limón (17), que ninguna relación tiene con el limonero hermoso del fruto incomible que cantaban Peter, Paul and Mary (18). Para que usted me entienda: me fui del lugar sintiendo que “mi” sesión ya era la sesión de esta recién llegada, más que una sesión una concesión.

Lo cierto es que caminé varias cuadras hasta llegar a mi casa, ubicada a veinte minutos de allí, fuera de la Villa, en la Recoleta. Me senté frente a la computadora para rescatar los intercambios que había mantenido con Carla escribiéndolos en Word, pero no me quedaba nada más que la sensación de haber perdido mi propia elaboración analítica para entregársela a la joven destinataria quien, a su vez, se la habría de ceder, agregándole su propia contaminación vivencial, al ominoso “siguiente” en la posta (19), quien no sería más que otro “anterior” para el próximo de la agenda. Claramente, yo estaba inmerso en un proceso continuo en el que era apenas un eslabón en la cadena. Nada menos que un eslabón en el país de las “rotas cadenas”. ¿Pensás que soy el eslabón perdido? No te preocupes porque el premio Nobel Konrad Lorenz  (20) lo pensó antes que nosotros dos cuando dijo que “el hombre es el eslabón perdido entre el simio y el ser humano”, quizás porque los seres humanos somos tan horribles como el “Yeti”, “Bigfoot” o el “abominable hombre de las nieves” (21). ¿Dónde quedó la psicología y mi aporte a la nueva ciencia? Deme unos minutos para volver del divague.

Tuve que esperar una semana para descubrir que algo cambiaría en mi vida y en la de la humanidad. No fue por elaboración del material de la sesión anterior ni por algún milagro en el consultorio sino, curiosamente, por otro fenómeno de lobby durante mi  despedida del miércoles siguiente. Nuevamente la joven se encontraba allí para recibir mi espacio y mi testimonio en la posta  mientras yo me preguntaba cómo hacer para no volver a deprimirme por mi desplazamiento. Otra vez la sonrisa partió de ella y otra vez un silencioso saludo indígena partió de mí. De pronto el brazo derecho de la chica hizo una pirueta sorprendentemente ágil para extraer de su bolsa de shopping un objeto que no logré definir hasta que su diestra lo expuso ante mis ojos: una tableta de chocolate Leger igual al que la vaca “muy especial” de Milka había distribuido en una ciudad para enternecer a sus eficientes pobladores (22). Salí hacia la vereda llevándome conmigo los dos antidepresivos naturales en juego: el chocolate y la sonrisa. Pero la sonrisa se esfumó mientras que la imagen del Milka persistió en mi mente. Además de la cadena de esclavitud, ¿habría también una cadena de ternura como la que promociona Suchard a través de la ternera? ¿La ternura de la ternera? Sonoramente simpático, pero muy difícil de creer. ¿La ternura del chocolate? Aceptable pero incorrecto. Con sólo navegar unos minutos por internet vemos que el chocolate se destaca como afrodisíaco. Pero no se ilusione, el ritual vinculado al consumo del chocolate sirve para dilatar el imaginario de los involucrados, pero la química de la sustancia no se origina ni tiene relación alguna con Cupido o con Venus (23), con el amor o la calentura. Mucho menos aún con esa rareza llamada ternura, un concepto que llevó a una cantante argentina a tratar de expresarla, a los gritos y muy deficientemente por supuesto, en terminología técnica como “amor en cámara lenta” (24), mientras que Elvis lo hacía menos eufemísticamente en su famoso “love me tender” (25). Una pena que  la coincidencia entre el “tender” sajón por ternura y el tender argentino por tendedero de ropa desviaran mis pensamientos hacia una vía muerta, aunque sin muerte en la vía. Vuelvo al chocolate y a su química para decirles que, así como sus propiedades afrodisíacas son un mito, sus propiedades antidepresivas están bien probadas, “entre estas sustancias (del chocolate) denominadas mediadores existe la Noradrenalina, que aumenta el alerta y la atención, la Dopamina que influencia la memoria y la creatividad y la Serotonina que nos confiere un estado de sedación placentera, ligera somnolencia y tranquilidad. Esta sustancia, la Serotonina, junto con otro mediador, la beta-endorfina, produce una sensación de felicidad, que le ha merecido el nombre de ‘La llave del paraíso’, como la llaman los neuroquímicos” (26). En síntesis, consciente o inconscientemente, la chica y yo estábamos drogándonos dentro del marco decoroso de la ley. Muy fuerte para pensarlo caminando. Me senté y me refugié en una confitería ubicada a pocos metros y a la vista de la puerta analítica. Mientras consumía una colación, tuve que admitir que yo había sido el iniciador del ritual macabro, quizás yo era el perverso del chocolate, un tipo tan enfermo como el conde de la película Chocolate (Chocolad) que había hecho todo lo posible por destruir la chocolatería del pueblo hasta que probó una pizca casual de chocolate casual y terminó devorándose cuanto pudo de la vidriera decorada del local (27). Y hablando de rituales y ritmos, ¿no había existido acaso un grupo musical uruguayo llamado Chocolate (28)? Fue un grupo que se volvió muy famoso y que llevó a algunos de sus músicos a fundar un segundo grupo exitoso llamado Mayonesa (29), con lo cual todo se “mezcló, se mezcló, se mezcló”, como en El Salpicón de Midón/Gianni (30), hasta que las dos sustancias desparecieron de la música y hasta que… un momento… ahí sale del edificio mi joven sucesora que está a punto de ceder su sesión a su propio sucesor. Me sonreí, vengativamente, mientras la chica le daba un beso de despedida a la analista, saludaba al sucesor y… ¿a qué no se lo imaginan? Sí, esa chica de apariencia tan inocente le estaba dando un chocolate al siguiente, justo cuando el prójimo estaba por recibir su sesión, que, como usted sabrá, nunca había dejado de ser mi propia sesión. Casi cierro mis ojos de rabia, pero, afortunadamente, Dios les concedió el temple, la entereza, y el hermoso color azul, para que permanecieran abiertos y pudieran ver así la parte más espantosa de un ritual que continuaría con mi analista entregándole a la chica un chocolate que no pude definir ni siquiera con el zoom de mi maldito teléfono.

–  ¡Qué! – grité.

–  ¿Necesita algo, señor? – me preguntó la moza instantáneamente.

-¡Qué! – repetí, aunque no por falta de imaginación sino por alta capacidad en la duplicación.

–  ¿Si necesita algo más? – insistió con sonrisa gastronómica.

Por supuesto. Necesitaba felicidad, salud, juventud, nada que se consiguiera en las estanterías del supermercado.

–  No, gracias – dije con cierta vergüenza -. Disculpe.

-No se preocupe, señor. En este barrio estamos acostumbradas.

¡Ah! Ya lo estaba confesando mi propia moza. Seguramente los escándalos del chocolate eran moneda corriente en aquel consultorio. Indagué como pude; en principio, diciéndole:

–  ¿Chocolate?

-No, señor, no trabajamos el chocolate en taza – respondió la empleada -. Si quiere algo así tendría que ir a lugares tradicionales, muy cerca del Obelisco, como La Giralda o El Vesubio (31), y pedirse un submarino con vainillas o un chocolate espeso con churros.

Mientras tanto uno de mis ojos veía que mi sucesora terapéutica se detenía en la vereda, tomaba el chocolate recibido de manos de “mi” analista, lo miraba como si se tratase de un fetiche, le daba un beso (¡un beso al chocolate!), lo colocaba sobre su lengua como si fuera la hostia y se lo devoraba sin contemplación animista, religiosa o afectiva alguna. No faltan viudas negras (32) en la ciudad, me dije. Y sonreí estúpidamente. Sí, me sonreí, pero no dejé de preguntarme por qué mi analista le habría dado ese chocolate a la chica y no a mí, que, al fin de cuentas, era el primer paciente de la tarde. Y me repetí la pregunta una y otra y otra y otra vez durante toda la semana, hasta que encontré… ¿una respuesta? Fue durante la siguiente sesión o al terminar la siguiente sesión. Difícil precisarlo en esta época de programas radiales con el “pase”, esta nueva moda donde los integrantes de un programa comparten unos minutos, hasta media hora en algunos casos, con los del siguiente para evitar finales y comienzos abruptos, casi quirúrgicos, quizás para que la audiencia no se sienta autorizada para emigrar a otra estación. Una costumbre lamentable, especialmente para los cuentistas a quienes nos enseñaron una regla de oro que dice: el cuento es final. Es decir, que la totalidad del cuento está escrito en función de ese final único. Si ese final se transformara en un pase literario, para asemejarlo al caso radial, en el que conviven el final de un cuento con el comienzo del siguiente, el escrito se volvería un continuo de flujo diario, un nuevo género que habitualmente alcanzan ciertos escritores por carencia de méritos más que por acumulación de virtudes. Un argumento que no concluye bien y otro que no lo comienza bien; dos dudosas bondades. Además, sería una manera de volver al enfrentamiento entre Schrödinger y Heisenberg (33), la onda y el cuanto, la caricia frente al choque, un tema de física y filosofía que merecería mucho más que un café con un cuento. Trasladando este concepto del pase radial al psicoanálisis, cada sesión tendría que transformarse en un monómero que integrara un polímero diario y único (34). Muy improbable porque cada paciente es necesariamente diferente del prójimo, por más homogénea en su apariencia que sea la población del consultorio. Y recordemos que las características de los finales de sesión dependen no sólo del caso y del tratamiento del mismo sino también de las escuelas a las que pertenecen los psicoanalistas. No se sonría, por favor, que yo soy quien escribe para sonreírse y no para que me roben las sonrisas. Simplemente estoy recordando los tiempos en que los analistas, particularmente los freudianos ortodoxos, concluían las sesiones dando una interpretación magistral con la que intentaban impresionarnos a los pacientes, impresionar a sus audiencias estudiantiles al llevar el tema a la clase masiva o impresionarlo al mismo Freud en el más allá, a quien parecían estar apuntándole sus disertaciones de impostada retórica. Al analista le bastaba con tener unos cuantos modelos de interpretación para adaptar a los distintos casos y sacarlos de la estantería en el momento adecuado. Una vez emitido su parlamento, con frecuencia el analista nos miraba pícaramente como preguntándonos: ¿no estuve brillante? ¿notaste mi erudición? ¿no fui agudísimo? ¿para el Nobel? ¿o para el Guinness? Y yo trataba de ocultar mi expresión facial pues me hubiera encantado responderles como Borges a sus entrevistadores: “Estoy de acuerdo con su interpretación… y con cualquier otra también” (35). Muy diferente era la situación entre los terapeutas lacanianos para quienes el corte debía realizarse en un instante del discurso del propio paciente, con las palabras del paciente, a veces con esas palabras repetidas por el analista. Es decir, el terapeuta debía estar alerta para hacer un corte preciso, veloz, efectivo y clínico. Una vez terminada la sesión, la siguiente comenzaba por el principio.

Pero hablando de mis sesiones actuales, ¿dónde quedó la prometida respuesta sobre la terapia del chocolate? Unos minutos más de paciencia, por favor. Déjeme que lo lleve a “mi” siguiente sesión. Fue en esta sesión que se produjo un cambio más radical que el de pasar de un diván convencional a un Le Corbussier (36). Lo descubrí al ver que Carla había colocado una mesita de época del tamaño de un tablero de ajedrez frente a y a poco distancia de su sillón de analista. Extraño, podría decir; mucho más extraña aún era la presencia de piezas que no eran las blancas y negras tradicionalmente fabricadas en madera, plástico o marfil sino blancas y marrones elaboradas en chocolate. A simple vista, capté la ausencia de la reina negra. Seguramente se la dio a mi amiga para que la bendijera, pensé sarcásticamente. Traté de concentrarme en mi sesión sin incorporarle tensiones contrarias a la navegación del inconsciente. Por otra parte, ¿quién podía asegurarme que yo no recibiría el rey blanco al final de la historia? Traté de ganar puntos:

-Linda mesa.

– No es una mesa – me contestó Carla -. Es un dispositivo analítico.

Decidí callarme para no quedar descalificado antes de comenzar el match. Y hablé apasionadamente del tema principal de mi vida que, como imaginarán, no podía ser otro que la cuestión del chocolate que les vengo resumiendo en las últimas tres mil palabras. Sentí que Carla no resistía verse confrontada con toda mi verdad y, especialmente, con sus evidentes tendencias discriminatorias hacia mí. De pronto se hizo un silencio de varios compases, me miró como miran los actores brechtianos, con una sola idea y apuntándola al infinito, se paró, eligió una pieza del tablero y me la entregó.

-¿Cómo? ¿no es el rey? – pregunté sin disimular mi irritación.

– No, no sos el rey – replicó ella claramente.

– Si no soy el rey, ¿qué soy? – interrumpí mientras contaba las piezas que habían quedado en el tablero. Treinta piezas. Treinta y dos menos la reina para ella y treinta y uno menos uno para mí. Es decir, treinta. Y yo me estoy llevando un… ¡Quééé! ¿Me dio la pieza de menor valor del juego?

– Te tocó un peón negro.

-No me tocó. Me lo diste. No voy a llevarme ningún peón negro – dije bastante molesto y exaltado.

– Dejalo acá para que se vaya con la basura – sentenció Clara tranquilamente -. No puedo alterar los tratamientos para satisfacer el apetito o los delirios de mis pacientes.

Recapacité y me lo llevé de mala gana para no tener que salir a buscar otro consultorio. Salí caminando sin saludar a Carla, sin saludar a la sonriente, sin sentir más que la necesidad de decirme:

– No es un rey, no es un príncipe, no es un noble, no es un fraile, no es un paje, no es un caballo, no es un alfil, no es un valet, no es una torre, no es…, no es…, no es…, no es…

Y caminé hasta la misma confitería que me había servido de observatorio una semana atrás. La moza que no se sorprendía, esta vez sí se sorprendió ante mi pedido de un vaso de leche.

– ¿Está seguro, señor? – preguntó como si le estuviera pidiendo una bebida prohibida o como si le estuvieran faltando datos vitales -. ¿Quiere un vaso de leche tibia?

– Sí, como la servían en las lecherías La Martona y La Vascongada pero sin las vaquitas (37) – aclaré sin convencerla demasiado, ya que la moza probablemente nunca había conocido esos locales con mostradores largos donde las bebidas más frecuentes eran los vasos de leche muy caliente y los submarinos servidos en vasos altos, con cucharitas largas y portavasos metálicos.

Al rato la mujer me dejaba sobre la mesa una jarra de cerámica con la leche, un vaso y una taza.

– Si va a usar el vaso en lugar de la taza, le recomiendo que le coloque la cucharita primero para que no se le rompa al servir la leche caliente.

– ¿Caliente o tibia? – le pregunté sin dejar de mirarla a los ojos.

– Tibia, señor, muy tibia – precisó la mujer atemorizada -. Es muy difícil controlar el vapor. Puede haberse calentado demasiado.

– ¡Ah! – dije sin necesidad de saber más pues ya sabía que la leche  estaba demasiado caliente y recordando que yo también la prefería ardiendo para poder derretir en ella a ese peón de ajedrez que disminuía la nobleza de mi mesa. Sumergí al muñeco en leche hasta las rodillas y lo  comí vengativamente, volví a hundirlo pensando en revancha, una inmersión más y ya era la vendetta completa y el final. Me pregunté si habría algún final para la historia o si sería una historia sin final. Mientras quedaba fijado en la ventana tratando de entender la bastante inexplicable canción de Alejandro Lerner (38), vi que mi sucesora estaba nuevamente dentro de mi campo visual y que, otra vez, estaba cumpliendo el ceremonial fetichista para poder embucharse el chocolate de rigor. Seguro que le dio la otra reina, me dije sin dejar que el veneno me contaminara, pero cerrando los ojos y tomando mi cabeza simultáneamente con las dos manos mientras apoyaba los codos en la mesa. Instantes más tarde, sintiendo que mis manos oprimían mis dos orejas contra una parte del cráneo, recordé que los reyes identificaban a sus caballos, los famosos “reyunos” (39), cortándoles un trozo de una de las orejas. Para espantar la imagen macabra de mi mente, sacudí mi cabeza, como una modelo de Giordano tratando de mostrar el vuelo de su cabello, y me fui del lugar para olvidar tanto mi drama de chocolate como mi oreja en peligro.

No me pregunten si recibí los otros quince peones en las siguientes quince semanas porque no se los diré. Sólo les diré que continué usando el bar cercano como observatorio para sentirme más cómodo mientras compensaba cada una de mis derrotas elaborando mis propias leches chocolatadas por las piezas de ajedrez y por alguna barrita de chocolate para taza (40) de refuerzo que yo mismo llevaba en mis bolsillos. Cuando desparecieron los últimos chocolates, Carla colocó una caja de madera del mismo tamaño de la mesa, con tapa deslizante y las misma sesenta y cuatro subdivisiones del tablero. En estos huecos colocó otras imágenes ajenas al juego ciencia, como palomas, libros, guitarras, yates, soles, lunas, mates, pesos, zapatos, sombreros, mariposas, flores. Al verlas desplegadas frente al sillón de Carla, una vez más traté de caer simpático.

– Veo que tenemos acotados los nuevos temas de chocolate.

La respuesta de Carla fue contundente:

– Los temas del ser humano son siempre los mismos. En cuanto a las cantidades, son ocho por un lado y ocho por el otro. El infinito puesto de pie, según Borges, por otro infinito de pie, infinito al cuadrado si existiera tal magnitud. ¿Te parece acotado?

Violín en bolsa de nuevo. A callar. La sesión se desarrolló hasta que la chicharra del portero eléctrico anunció la llegada de mi sonriente sucesión. Carla me entregó su mensaje de corte, un yate de casco marrón con vela blanca, y me acompañó para cumplir la ceremonia de saludo con su paciente. Pero no estaba allí la joven reina del ajedrez sino una mujer mayor, mustia y malhumorada, digna de habitar en una torre de chocolate almacenado en verano en un ambiente sin aire acondicionado. ¿Cómo?, sentí que me había sentido sentir mi analista. Además del corte de la sesión, yo me había acostumbrado a intercambiar en la puerta, a observar desde la confitería y a saborear el chocolate hasta varias horas después de beber mi submarino. Así, la sesión podía extenderse durante cuatro, cinco o seis horas. Ante mi sorpresa, Carla se vio obligada a añadir un as palabras de despedida más:

– Ya podés navegar en tu propio velero.

Me retiré del edificio más pensativo que otras veces. Fui hasta el bar, me senté y me pregunté por qué Carla había reemplazado a la joven agradable por esta vieja descangallada (41). Pero también recordé que más de una vez yo le había solicitado cambios de horario a mi analista y, asimismo recordé, que yo tampoco soy ningún pichón por más apolíneo que resulte a la vista (42). Lo cierto es que el submarino no tuvo el sabor de otras tardes. Me quedó un hilo enigmático sobre la suerte de la chocochica, ¿habrá faltado por algún evento o por enfermedad? Como no había nada ni nadie para responderme, acepté que tendría que seguir esperando una semana más y rogar para que el próximo peón tuviera mejor gusto que los anteriores.

Esa semana estuve enfermo, pero no estuve enfermo de rivalidad, según mi mejor costumbre, sino de una duda con inclinaciones más obsesivas que científicas. La  imagen sonriente de la desconocida comiéndose las mejores piezas de chocolate se diluía en mis visiones diurnas y nocturnas, incluso la desconocida se devoraba piezas que incluían una con mi propia forma y otra con la de ella misma. Un caso de canibalismo digno de ser tratado por con la mejor psicología. ¿Habrá cambiado de analista? O, peor todavía, ¿habrá cambiado de horario para no seguir en la competencia? O, mucho peor aún, ¿habrá cambiado de horario sin siquiera tener en cuenta  la competencia? ¿habrá cambiado de horario sin siquiera registrar mi existencia? ¿O…? Todo resultaba demasiado  patológico.

Como siempre, opté por hacer lo menos indicado. Preguntarle por ella a Carla en la próxima sesión. Su respuesta no se hizo esperar.

– ¿Qué? ¿qué? ¿qué?

– ¿Qué le pasó a…a…a…? – me surgió tartamudeando por triplicado y por desconocimiento del nombre propio adecuado.

– ¿A quién? – apretó mi analista que parecía estar gozándome.

– A la joven que me sigue en tu agenda – repliqué casi con precisión.

– No, no – despejó Carla -. Ya no te sigue ninguna joven.

– ¿Y qué pasó con la que me siguió durante los últimos años? – proseguí bastante molesto tanto por el reemplazo como por el tiempo que se tomaba mi analista para responderme.

– Se murió. Sí,  se murió – terminó- contestándome.

Como estaba en una inteligente sesión psicoanalítica, no dejé que ningún vestigio emocional me alcanzara. Sólo tomé aire para comentarle.

– Una respuesta metafórica interesante.

-Nunca te consideré en el plano de la metáfora – replicó sádicamente.

Entonces le pregunté con espanto:

-¿Y entonces?

– ¿Entonces qué? – volvió a preguntar tanto para demorar su respuesta como para verme doblegado con un llanto incontrolable ante la florida cita de Coleridge.

– ¿Cómo se murió? – traté de curiosear.

– ¡Ah! ¡Ahora sí! – se regodeó e hizo una larga pausa antes  de emitir su dictamen -. No lo sé.

– ¿Cómo que no lo sabés? – me salió -, ¿Una paciente tuya se muere prematuramente y vos no sabés por qué?

– Claro que lo sé – respondió ella sentándose -. Claro que sí.

– ¿Claro qué? – insistí.

– Claro – volvió a decir Carla para mostrarse más clara.

Esta vez callé para escuchar la verdad.

– Hizo abandono de la vida – sentenció.

Me sorprendió escucharle emplear una terminología más próxima a la legal que a la mental pero, igualmente, no dejé de profundizar:

– ¿Se suicidó?

– No, no podría asegurarlo – volvió a “enigmatizar”.

– ¿Usó un arma en contra de su propio cuerpo – avancé para ganar el match point.

– Un arma no convencional – contestó Carla -. Cayó fulminada después de comerse una plancha de chocolate con su propio nombre.

La miré sorprendido pues faltaban demasiados datos para resolver el caso. ¿Quién había elaborado la tableta asesina? ¿Quién la había colocado al alcance de la chica? ¿Sabía la chica que estaba canibalizándose nominalmente? No expresé ninguna de mis preguntas en mis próximas palabras:

– ¿Y qué dijeron los forenses?

– Que no resistió – fueron las palabras de mi analista.

Traté de arrimar agua para mi molino:

– ¿La injusta distribución de los premios de chocolate? – pregunté como si Platón ya hubiera logrado definir la Justicia.

– No me hablés de injusticia. No hubo ninguna; sus premios eran bien merecidos – replicó terminantemente.

– ¿Y entonces? – insistí sin arriesgarme a hacerle una pregunta completa.

– Su hígado no pudo más… no pudo… – y ahí se quedó sin decir.

Yo también me quedé sin palabras. Obviamente no soy un tipo de muchas palabras para tener que dialogar a través del chocolate. Seguí esa sesión hasta el final, la saludé a Carla por última vez, me crucé con la malhumorada y me senté en el barcito para mirar en el horizonte esa imagen que seguramente no me molestaría  nuevamente.

.

Nunca más volví a pisar los consultorios analíticos. Sólo trato de conformarme con lo que tengo y tengo toda la contención que necesito en mi grupo de obesos donde, de paso, me están ayudando a vencer mi adicción al chocolate… y a las competencias.

 

1

1.1            Freud, Sigmund (1856-1939) médico neurólogo austríaco, padre del psicoanálisis y una de las mayores figuras intelectuales del siglo XX. Fue el primer freudiano ortodoxo y el primer antifreudiano.

1.2            Klein, Melanie (1882-1960) “psicoanalista austríaca, creadora de una teoría del funcionamiento psíquico. Hizo importantes contribuciones sobre el desarrollo infantil desde la teoría psicoanalítica y fundó la escuela inglesa de psicoanálisis”. Anduvo muy preocupada porque la envidiaban en demasía.

1.3            Lacan, Jacques-Marie Émile (1901-1981) “fue un médico psiquiatra y psicoanalista francés conocido por los aportes teóricos que hiciera al psicoanálisis basándose en la experiencia analítica y en la lectura de Freud”. Ganó casi todo su prestigio entre las psicoanalistas por saber leer con acento francés la colección verde del Freud de Amorrurtu en lugar de andar repitiendo, como el resto de los lacanianos “Je suis Monsieur Thibaut”, de la primera lección del primer libro de la Alliance Francaise.

1.4            Winnicott, Donald Wood (1896-1971) “Célebre pediatra, psiquiatra y psicoanalista inglés. Escribió libros sobre pediatría y psicoanálisis, el proceso de maduración y los bebés y sus madres”. Transformó a cada uno de sus libros en objeto transicional.

1.5            Jung, Carl Gustav (1875-1961) “psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo, figura clave en la etapa inicial del psicoanálisis; posteriormente, fundador de la escuela de psicología analítica, también llamada psicología de los complejos y psicología profunda”. Lo más destacado en su vida fue su cruce con Sabina Spielrein con quien hizo una película que todavía vale la pena ver.

1.6            Dolto,  Françoise (1908-1988) fue una “médica pediatra y psicoanalista francesa famosa por sus descubrimientos en psicoanálisis de la infancia. Participó junto a Jacques Lacan en la creación de la Escuela Freudiana de París”. Aparentemente, Lacan pensaba que Dolto era tan aguda como su nombre.

2)  Villa Analítica: nos referimos a la famosa Villa Freud de la ciudad de Buenos Aires, un área más difícil de definir que Broadway, off-Broadway y off-off-Broadway en Nueva York. Tengamos en cuenta que los psicoanalistas, seres humanos muchos de ellos, no pueden dejar de alinearse en el geocentrismo, es decir, en considerarse el centro del Universo. Cada uno de ellos piensa que la Villa Freud tiene su centro justamente en la mecedora de su propio consultorio. Eso sí, se dice que la Villa Analítica está en Palermo.

3) Poe, Edgar Allan: (1809-1849), poeta, cuentista y crítico estadounidense. Sus padres, actores de teatro itinerantes, murieron cuando él era todavía un niño. Edgar Allan Poe fue educado por John Allan, un acaudalado hombre de negocios de Richmond, y de 1815 a 1820 vivió con éste y su esposa en el Reino Unido, donde comenzó su educación.

4) Heródoto de Halicarnaso (484-425): fue un historiador y geógrafo griego. Está reconocido como el Padre de la Historia. Escribió el clásico Los nueve libros de la Historia. Oscar Wilde lo llama el Padre de la Mentira, quizás porque sus historias son demasiado perfectas.

5) Tucídides: (460-395) fue un historiador y militar ateniense. Su obra Historia de la Guerra del Peloponeso recuenta la historia de la guerra del siglo V a. C. entre Esparta y Atenas hasta el año 411 a.C.

6) Jenofonte: (430 – 355) Escritor e historiador griego. Fue el autor de La retirada de los diez mil (Anábasis). Representante junto con Tucídides del estilo ático (fue conocido como “la abeja ática”, por la dulzura de sus formas), intentó, al igual que Isócrates, orientar con su obra la confusión política e individual que siguió a la derrota de Atenas en la guerra del Peloponeso. Fue discípulo de Sócrates, al igual que Platón, pero su mirada es tan diferente de la del filósofo que parecen provenir de diferentes universos. Hablando sobre el amor en “El banquete”, por ejemplo, Platón ve en Sócrates a un guía filósofico investigando las esencias; en cambio Jenofonte ve a un compañero de juergas superlativo.

7)  Fatiga (definición): esa cosa que te da fiaca.

8)  Bipolar (definición): se denomina así a la persona que, por friolenta, simultáneamente utiliza dos abrigos  (uno sobre otro y no uno después del otro) fabricados con forro polar o vellón o “polar fleece”, una tela sintética fabricada con PET, plástico de reciclaje de envases plásticos. El material abriga mucho pero es muy combustible, de allí los frecuentes acaloramientos de los “bipolares”. Además rechaza tanto la humedad como el afecto.

9) “bien”: la presencia de la palabra en dos oportunidades en la misma oración me parece muy válida. La incluyo, aunque podría obviarse, pues el Bien nunca está demás.

10)  Estabilidad de los manuales: preocupados por la frecuencia con la que los desequilibrados norteamericanos tomaban un arma de fuego y, subidos a una torre, cúpula, mangrullo, copa de árbol o cualquier altura respecto del nivel del suelo, para disparar toda su carga sobre los seres humanos que los rodeaban hasta que algún invitado policial, que no comprendía el juego, le disparaba a él matándolo irreversiblemente, le ganaba el tanto, detenía la partida e invitaba a la televisión al lugar, la sociedad norteamericana convocó a los miembros de la Asociación Psiquiátrica Americana (APA) a escribir un manual que sirviera para atender a todas las patologías humanas al que, una vez escrito, en 1952, bautizó con el tierno nombre de DSM (Dorothy Smith o Diagnostic Manual of Mental Disorders o Manual Diagnóstico de los trastornos Mentales). “El DSM se elaboró a partir de datos empíricos y con una metodología descriptiva, con el objetivo de mejorar la comunicación entre clínicos de variadas orientaciones, y de clínicos en general con investigadores diversos. Por esto, no tiene la pretensión de explicar las diversas patologías, ni de proponer líneas de tratamiento farmacológico o psicoterapéutico, como tampoco de adscribirse a una teoría o corriente específica dentro de la psicología o de la psiquiatría. Una concepción errónea muy frecuente es pensar que la clasificación de los trastornos mentales clasifica a las personas; lo que realmente hace es clasificar los trastornos de las personas que los padecen.”

“El trabajo conjunto de la Asociación Psiquiátrica Estadounidense (APA) y laAcademia de Medicina de Nueva York para la elaboración de una nomenclatura aceptable para todo el país (para pacientes con enfermedades psiquiátricas graves y neurológicas)” tuvo también el jugoso aporte psiquiátrico del “Ejército de los Estados Unidos” que “confeccionó en paralelo una nomenclatura más amplia, que permitió incluir enfermos de la Segunda Guerra Mundial”. Quizás la presencia del Ejército, recién concluido el enfrentamiento con Alemania, Italia y Japón, las naciones del Eje en la Segunda Guerra Mundial, sirvió para que el DSM describiera el “funcionamiento del paciente a través de 5 ‘ejes’, con el objeto de contar con un panorama general de diferentes ámbitos de funcionamiento”. El mismo artículo de la Wikipedia señala entre las críticas a nuestro querido manual, bajo el rubro “Tasas más altas de trastornos mentales: En términos de contenido, son más preocupantes las muchas sugerencias que el DSM-V podría dramáticamente incrementar las tasas de trastornos mentales. Esto aparece de dos maneras: Nuevos diagnósticos que podrían ser extremadamente comunes en la población general (especialmente después del marketing de una siempre alerta industria farmacéutica).” Pero no todo este tipo de críticas es válido pues el DSM tiene muchas perlas, una de las cuales incluimos, probablemente basadas en La tragedia de Romeo y Julieta, como la siguiente: “deja de considerarse el duelo por la muerte de un ser querido durante menos de dos meses como trastorno depresivo”. En cuanto al aporte del DSM I al V a la estabilidad, los físicos convocados para su estudio sostienen que, en los estantes de la biblioteca, el libro tiene mayor estabilidad que El Capital de Carlos Marx y Mi Lucha de Adolf Hitler, lo que no es poca cosa.

 

 

Nota 1: para quien quiera leer alguna línea feliz en relación con este manual (?), le informo que el grosor de los DSM ha servido para salvar la vida de más de un psiquiatra al detener el trayecto de la bala que le habían destinado sus pacientes.

Nota 2: aguarde las liquidaciones navideñas para comprar un ejemplar para usted y varios para sus amigos aunque, próximamente, puede llegar a convertirse en un valioso artículo de colección, como los elementos de tortura de la Inquisición, el Iron Maiden, etc., ya que, luego del dictamen del AIMH, entrará en desuso.

11) Ferrero Rocher: ¿no te alcanzaría con ver la imagen en Internet? ¿o en el kiosco?

12) Baile de la escoba: “es uno de los habituales en todas las fiestas. Todas las parejas comienzan a bailar al son de la música. El animador da una escoba a una de ellas, la cual debe entregarla a otra, que tiene la obligación de cogerla. Esta la pasará a la más cercana y, así, sucesivamente. La pareja que tenga la escoba cuando pare la música, queda automáticamente eliminada. Cuando queden pocos concursantes, la tensión irá en aumento y los eliminados deberán formar círculo estrechando la pista de baile. Así mismo, está permitido animar y vitorear a las parejas supervivientes. El ritmo de la música escogida ha de ser animado, aunque, en ningún caso, frenético. Un cha-cha-chá rápido, por ejemplo, constituirá una buena elección.” Esta versión edulcorada para la Wikipedia nada tiene que ver con otra versión en la que una persona, en lugar de una pareja, baila con la escoba. El último individuo que queda con la escoba, luego de haber eliminado a los demás, o gana o tiene que barrer el salón de la fiesta en la que juegan a estas pavadas.

13) “vasta carrera universitaria, numerosos discursos en aulas magnas, entrevistas en radio y televisión”: todo un ejercicio en retórica cuyos frutos no pasaron de la ofensa, la irritación y el despido (mi despido). Rescato el momento en el que mi jefe, viendo la llegada tardía de varios alumnos, no pudo hacer otra cosa que desviar su discurso hacia la importancia de la puntualidad. Como el siguiente orador era yo, también me tomé la libertad de desviarme, pero hacia el polo contrario, la famosa cita de Oscar Wilde que dice así: “la puntualidad es una pérdida de tiempo”. Todavía persiste en alguna gente el recuerdo de mi jefe hablando sobre el valor del trabajo en equipo y la continuación en la que yo destacaba la importancia del trabajo en soledad, antes de reunirse con el equipo, y de que yo mencionara a la jirafa como un caballo diseñado en equipo. No sé por qué ya no integro el mismo equipo universitario junto a ellos.

14) ápice: el extremo superior o la punta de alguna cosa//metáfora. La mínima parte de alguna cosa//Metáfora. Hablando de alguna cuestión o dificultad, es lo más arduo o delicado de ella.

15) la media vuelta: ranchera de José Alfredo Jiménez (1931-1966), cantautor mexicano, autor de cientos de canciones, algunas fueron cantadas por las mejores voces de su país y de toda Latinoamérica (Jorge Negrete, Pedro Vargas, El trío Los Panchos, Miguel Aceves Mejía, etc. “La media vuelta” fue bolerizada y cantada, luego, por Javier Solís y por Luis Miguel, pero el tema original es francamente superior. 

16) Galileo Galilei: (1564 –1642) fue un astrónomo, filósofo, matemático y físico italiano que estuvo relacionado estrechamente con la revolución científica. Eminente hombre del Renacimiento, mostró interés por casi todas las ciencias y artes (música, literatura, pintura). Sus logros incluyen la mejora del telescopio, gran variedad de observaciones astronómicas, la primera ley del movimiento y un apoyo determinante para el copernicanismo. Ha sido considerado como el «padre de la astronomía moderna», el «padre de la física moderna» y el «padre de la ciencia». Galileo no sólo fue padre de las ciencias sino también de sus tres hijos “ Virginia (1600), Livia (1601) y Vincenzo (1606), habidos de su unión con Marina Gamba, que duró de 1599 a 1610 y con quien no llegó a casarse”, lo que llevó a Galileo a conservar al hijo y mandar a las hijas al convento, porque el abuelo las consideraba incasables. Galileo escribió varios obras, entre las que se destacaron: Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo 1632 y Dos nuevas ciencias  Discurso y demostración matemática 1638. Su trabajo se  considera una ruptura de las teorías asentadas de la física aristotélica y su enfrentamiento con la Inquisición romana de la Iglesia católica suele presentarse como el mejor ejemplo de conflicto entre religión y ciencia en la sociedad occidental. Escribió una obra teatral bastante exitosa denominada  “La vida de Brecht” o quizás fuera “La vida de Galileo” y la escribió Brecht, cualquiera de las dos merece ser vista… y pronto, porque siempre se refiere a nuestros temas vivenciales.

17) “La paloma blanca”: canción infantil tradicional con la siguiente letra

Estaba la paloma blanca/Sentada en el verde limón/Con el pico cortaba la rama/Con la rama le daba a la flor./¡Ay! Mi amor/Cuando se esconda el sol/Me arrodillo a los pies de mi amante/Me levanto constante, constante./Dame una mano/Dame la otra/Dame un besito/Sobre tu boca./Con un pasito atrás/Haciendo una reverencia./Pero no, pero no, pero no./Porque me da vergüenza/Pero sí, pero sí, pero sí/Porque te quiero a ti.

Valga aclarar que la mente argentina ha logrado transformar el pico erótico de la canción (Dame una mano/Dame la otra/Dame un besito/Sobre tu boca) en un pico político (Dame una mano/Dame la otra/Dame un gorila/que lo hago pelota). Teniendo en cuenta que el gorila es un animal francamente antiperonista, la conclusión podría variar según la tendencia política del lector a quien no le recomiendo ni andar haciendo reverencias por allí ni andar maltratando gorilas, unos monos de gran tamaño y de muy pobre sentido del humor. Igualmente no deja de sorprender el giro de estos versos pues, habitualmente, el argentino sólo desplaza al sexo de su lugar para darle paso al fútbol, rara vez a cuestiones nacionales o ciudadanas.

18) Peter, Paul and Mary: trío musical norteamericano que hizo famoso el tema “Lemon tree” cuyo coro dice:

Lemon tree very pretty and the lemon flower is sweet
But the fruit of the poor lemon is impossible to eat.
Lemon tree very pretty and the lemon flower is sweet
But the fruit of the poor lemon is impossible to eat.

19) la posta y el testimonio: El atleta que está corriendo en un mismo equipo en una carrera de postas debe llevar en sus manos y entregar al siguiente miembro del equipo una barra de metal cilíndrica o de material similar de unos 30 cm de longitud. Esta barra se llama testigo, testimonio o estafeta en América Latina.

20) Konrad Lorenz: (1903-1989) zoólogo austríaco, luego de la secundaria local, estudió dos cursos semestrales de medicina en la Universidad de Columbia, NY, se graduó en medicina (1928) y en zoología (1933) en su propio país. Fundó la escuela etológica y mantuvo discrepancias con la escuela estadounidense pues esta última estudiaba a los animales en laboratorios mientras los europeos lo hacían en su hábitat natural. Descubrió que las crías de ganso y pato aprenden a reconocer a sus padres, aún los adoptivos, siempre que estén presentes los estímulos visuales o auditivos correspondientes. En la Segunda Guerra Mundial fue prisionero de guerra del ejército ruso; cuando fue devuelto, llegó a ser profesor y  a dirigir el prestigioso Instituto Max Planck. Recibió el Premio Nobel y, más tarde, intentó aplicar las técnicas desarrolladas para los animales en los seres humanos. Quizás este último ejercicio se basó en el texto de Esopo que cuenta cómo Prometeo participó de la Creación elaborando animales hasta que, en un momento dado, Zeus vio que eran demasiados ejemplares en ese reino. Le pidió entonces a Prometeo que continuara el trabajo creando al hombre. Entonces Prometeo, para compensar, tomó una cierta cantidad de animales y les dio un aspecto exterior humano. De allí que muchos de nosotros continuemos siendo animales en nuestro fuero más íntimo aunque nuestros aspectos parezcan dignos de la sociedad.

21.1) el Yeti: “…(o Migou para los tibetanos del Himalaya) podría ser un críptido interpretado como un simio gigante… Ante la ausencia total de pruebas, sólo se cuenta con relatos que lo describen como un simio gigante bípedo que se cree está localizado en las zonas boscosas de la cordillera del Himalaya, pero otras fuentes indican que podría ser una variedad de oso albo lanudo similar al oso polar.” Wikipedia. Algunos de mis detractores sostienen que podría ser yo  mismo. No es así.  En la foto de la Wikipedia, el supuesto eslabón perdido parece sonreír, cosa que yo no haría jamás, especialmente en esos fríos y con seres humanos persiguiéndome.

21.2) Bigfoot: “el Pie Grande (del inglés Big Foot) o sasquatch, es una criatura mitológica de aspecto simiesco que habita los bosques, principalmente en la región del noroeste del Pacífico en América del Norte. El término sasquatch procede de la versión en inglés de la palabra del idioma halkomelem sásq’ets.” Confieso que jamás había escuchado hablar de tal idioma aunque sé que, en América del Sur, la tribu de los “selquets” está ubicada en Avenida Figueroa Alcorta y La Pampa, frente a la rotonda que da al bosque. Allí frecuentan los bigfoots y los bigbellies, estos últimos ejemplares bastante desagradables, pero gastronómicamente muy redituables.

Cualquier semejanza con un conocido jugador de la NBA es pura casualidad. 

21.3) el abominable hombre de las nieves: al solo fin de embarrar mi trabajo, unos “científicos de la Universidad de Oxford, Reino Unido, dicen haber resuelto de una vez por todas el misterio del abominable hombre de las nieves, conocido también como Yeti. Los investigadores sometieron a pruebas de ADN muestras de pelo encontradas recientemente en el Himalaya de lo que se cree son criaturas tipo yeti. Los resultados indicaron una equivalencia genética con un antiguo oso polar de Noruega. Los científicos creen que se trata de una subespecie de oso pardo que habita en las alturas del Himalaya que ha sido confundida con la mítica bestia. Este oso, que nadie ha visto con vida, podría todavía estar ahí. Sería una especie de híbrido y, si su comportamiento es diferente al de osos normales, como dicen los relatos, creo que eso bien podría ser la fuente del misterio y de la leyenda”, dijo el profesor Brian Sykes, autor del informe”. (BBC Mundo 17/10/2013) Desde ya, espero que el señor Sykes dedique sus futuros esfuerzos científicos a otros menesteres, además del de escupir sobre mi trabajo. Por otro lado, no deja de sorprender que el efecto de nuestro glorioso 17 de Octubre haya alcanzado al mundo británico.

22) La vaca Lila decide intervenir en una ciudad de mucha gente, muy estructurada, donde sobra la eficiencia pero escasea la ternura. ¿Cómo hace? Inflando el piso con burbujas de ternura para que la gente pierda un poco la estabilidad y la rigidez, y sea un poco más tierna. Así surge el Leger, chocolate aireado.

23.1) Cupido: (versión romana de Eros) “existen distintas versiones acerca del nacimiento de Cupido…” De acuerdo a la versión de Simónides de Ceos, “Cupido nació en Chipre… se formó hermoso como su madre (Venus) y audaz como su padre (Ares/Marte) e incapaz de ser guiado por la razón, a la manera de sus selváticas nodrizas. En el bosque fabricó un arco con madera de fresno y flechas de ciprés. Tiempo después, Venus le regaló arco y flechas de oro. Las flechas eran de dos especies: unas tenían punta de oro, para conceder el amor, mientras que otras la tenían de plomo, para sembrar el olvido y la ingratitud en los corazones”. Wikipedia.

Cupido tuvo situaciones muy difíciles con Howard Greenfield y Neil Sedaka quienes compusieron un tema llamado “Estúpido Cupido” (Stupid Cupid) para Connie Francis en 1958. Desde entonces, Cupido dedica toda su energía a ganarles el juicio por calumnias a los músicos. En otras palabras, ya no se dedica a los temas afectivos.

23.2) Venus: una diosa que está bastante buena y que el arte logró que apareciera sin brazos (caso Venus de Milo) pues, de lo contrario, usaba sus manos para taparse las mejores partes. En orografía los especialistas más serios estudian un accidente denominado “monte de Venus” en honor de la diosa.

24) “amor en cámara lenta”: el duro comentario se refiere a la canción de Valeria Lynch llamada “Ámame en cámara lenta” que dice así:

“Despacito, suavemente
‘ámame en cámara lenta’
Suavecito, dulcemente
‘ámame en cámara lenta’
De a poquito, tiernamente
‘ámame en cámara lenta’
En voz baja, susurrando
‘ámame en cámara lenta’
Que el amor es vida en movimiento
y yo ¡TE SIENTO!”

Como ven por las mayúsculas de “TE SIENTO”, Valeria Lynch no puede resistir ni el susurro ni el éxito.

25) “love me tender”: canción muy exitosa cantada por Elvis Presley pero no deja de ser apta para el chamuyo. En inglés, su letra dice:

Love me tender,
love me sweet,
never let me go.
you have made my life complete,
and I love you so.
Love me tender,
love me true,
all my dreams fulfilled.
for my darlin’ I love you,
and I always will.
Love me tender,
love me long,
take me to your heart.
for it’s there that I belong,
and we’ll never part.
Love me tender,
love me dear,
tell me you are mine.
I’ll be yours through all the years,
till the end of time.
(when at last my dreams come true
darling this I know
happiness will follow you
everywhere you go).

No tiene mucha importancia si uno entiende lo que dice. Lo importante es el tono. Si quiere escucharla cantada por el Rey, le sugiero hacer click en:……………………………………………………..

26) “la llave del paraíso”: una invitación a consumir serotonina (con cuidado por favor).

http://www.estarbien.com/cuerpo-y-mente/articulo.aspx?idart=441719&idcat=548&tipo=2

 

27) Chocolate: película anglo-norteamericana ambientada en un pequeño pueblo francés donde una recién llegada escandaliza a todo el pueblo desde su local de chocolates. Dirección Lasse Hallström, protagonista: Juliette Binoche (2000).

28) Chocolate: “fue una banda musical de Uruguay del estilo ritmo plena rioplatense. Fundada por Juan Carlos Cáceres a mediados de los años 90, fue muy conocida entre 2000 y 2003 en casi toda América Latina y también en Estados Unidos, donde realizaron una gira en 2001. A lo largo de su carrera, el grupo consiguió más de doce discos de oro y cinco de platino,  entre ellos dos de oro en Argentina y tres de platino en Uruguay. Su canción más conocida es por lejos el tema ‘Mayonesa’ que musicalmente es una mezcla de candombe, murga y tropical, y con el que el grupo adquirió fama a nivel local. En 2001 el grupo se escindió: cuatro de sus cinco miembros fundaron el grupo Mayonesa, prosiguiendo Chocolate su carrera con nuevos músicos bajo la tutela de Juan Carlos Cáceres. Chocolate se disuelve en 2003 y Mayonesa en 2005.” Todavía no se sabe con cuál de los dos grupos quedó la morocha de la grabación.

29) Mayonesa: el grupo de la discordia.

30) El Salpicón: comedia musical realizada en 1995, protagonizada por: Omar Calichio, Irene Almus, Gabi Goldberg y Gustavo Monje. Coreografía: Ricky Pashkus. Música: Carlos Gianni. Libro y dirección: Hugo Midón. Escuche en el link y verá que “todo se mezcló y que la vida es un verdadero salpicón”.

31) La Giralda y El Vesubio: a) la confitería La Giralda, ubicada en la avenida Corrientes 1453, bautizada así en honor del campanario de la catedral sevillana, tiene su mayor tesoro en “el famoso chocolate con churros. Entrar a probarlo en un día de frío es sinónimo de felicidad garantizada, realmente no hay como el que se prepara allí.” Se recuerda al lector que, en los días de frío, también es conveniente llevar puesto el polar (ver nota 8). Nota: descender en la estación Uruguay del subte “B”. No se distraiga sacándose fotos con Olmedo y Portales porque o puede agarrarse un resfrío o pueden robarle la billetera, b) la heladería El Vesubio es una de las “más antiguas de Buenos Aires, incluso algunas fuentes la mencionan como la primera de toda la ciudad o de toda la Argentina.  Fue fundada en 1902, y desde ese momento ocupa el mismo lugar en Avenida Corrientes 1181, a una cuadra del Obelisco porteño y dentro del sector cultural de esa arteria, en donde abundan los teatros y cines y hay una intensa vida nocturna. Fue mencionada por Piazzola y Ferrer en su tango La última grela. La familia Cocitore, introdujo en la Argentina la primera máquina manual para fabricar helados” que “2 personas debían operar la manivela del gran cilindro de cobre que, rodeado de hielo y sal, prescindía de la energía eléctrica para fabricar ricos helados. En 1920, para asegurarse la actividad del local durante todo el año, ampliaron su rubro a confitería, sirviendo chocolate con churros y una sabrosa pastelería.”

No trate de explicarse por qué se les ocurrió ponerle el nombre de un cálido y efervescente volcán a una fría heladería. Nota: descender en las estaciones Uruguay de la línea “B”, con el riesgo de caer en “La Giralda” o terminar sacándose fotos sentado o sentada entre Olmedo y Portales, o descender en la estación 9 de Julio, debajo del obelisco, y cruzar la avenida por el túnel y detenerse largamente para mirar los espejitos de colores, caminar casi una cuadra más por Corrientes hasta encontrar “El Vesubio”, antes de llegar a la calle Libertad.[]

32) viuda negra: “La viuda negra es una araña con muy mala reputación…la mordedura de esta araña es muy temida porque su veneno es 15 veces más potente que el de la serpiente de cascabel…los animales que más deben temer a la viuda negra son los insectos… y los machos de viuda negra. Las hembras a veces matan y se comen a sus parejas tras la cópula, un macabro comportamiento que da su nombre al insecto. La viuda negra vive en solitario durante todo el año, con la excepción de este violento ritual de apareamiento……………………………………………………………” http://www.nationalgeographic.es/animales/insectos/black-widow-spider

No siempre el macho es devorado por esta mala y solitaria hembra pues, en la naturaleza, tiene la posibilidad de escapar, recuperarse y buscarse otra viuda negra. En situaciones de laboratorio, donde no hay salida, el macho sucumbe. Valga agregar que la “viuda negra” produce una serie de conflictos idiomáticos bastante serios pues, luego de devorar al macho, resulta un poco desagradable decir que la viuda negra enviudó en lugar de la viuda negra asesinó a su pareja. Por otra parte, luego de la ceremonia fatal, ¿cómo decir que la viuda negra mató al viudo negro si, por definición, el viudo no tiene esposa y aquí, en casi todos los casos, estamos hablando de primeras nupcias ya que la viuda negra no cree en el divorcio vincular?

33) Schrödinger, Erwin Rudolf Josef Alexander(1887-1961): “físico austríaco, naturalizado irlandés, que realizó importantes contribuciones en los campos de la mecánica cuántica y la termodinámica. Recibió el Premio Nobel de Física en 1933. Tras mantener una larga correspondencia con Einstein propuso el experimento mental del gato de Scrödinger que mostraba las paradojas e interrogantes a los que abocaba la física cuántica.” En 1926 publicó el artículo con el desarrollo de la ecuación de Schrödinger, tan dolorosa para el autor del cuento que las sufrió a lo largo de varios exámenes de una semana de duración mientras soñaba con ser un teórico en lugar del delirante que escribe cuentos.  Heisenberg, Werner Karl (1901-1976): “físico alemán. Es conocido por formular el principio de incertidumbre, una contribución fundamental al desarrollo de la teoría cuántica. Este principio afirma que es imposible medir simultáneamente de forma precisa la posición y el momento lineal de una partícula.” Heisenberg recibió su Premio Nobel en 1932. Valga aclarar, para los amigos del autor del cuento, que la incertidumbre de Heisenberg nada tiene que ver con la de Hamlet, que fue un hombre de grandes dudas y ninguna probabilidad. Asimismo, el autor les recomienda familiarizarse tanto con la visión ondulatoria como con la visión cuántica del mundo para poder discutir el tema después de la clase en el gimnasio del New Age antes de tomar las fabulosas flores de Bach.

34) Polímero diario y único: “los polímeros son macromoléculas (generalmente orgánicas) formadas por la unión de moléculas más pequeñas llamadas monómeros. El almidón, la celulosa, la seda y el ADN son ejemplos de polímeros naturales, entre los más comunes de estos y entre los polímeros sintéticos encontramos el nylon, el polietileno y la baquelita.” El ingeniero químico a cargo de la fabricación de un polímero como el nylon debe ser capaz de lograr que su paso de monómero a polímero y de pellet a hilado se realice de tal manera que el hilado convertido en media no revele anillos por tensiones diferenciales o nevadas que muestren puntos en las medias pues, si bien las portadoras de las medias rara vez notan estos defectos y, menos aún, los lascivos que les acarician las medias antes de sacárselas de las piernas, los jefes de producción generalmente se ensañan despiadadamente con los ingenieros que manejamos estos procesos.

35) Helft, Nicolás: Borges Postales de una Biografía, Emecé, 2013, página 17.

36) Le Corbussier, Charles Édouard Jeanneret-Gris: (1887-1965) fue “un teórico de la arquitectura, ingeniero, diseñador y pintor suizo nacionalizado francés. Es considerado uno de los más claros exponentes del Movimiento Moderno en la arquitectura (junto con Frank Lloyd Wright, Oscar Niemeyer, Walter Groupius, Alvar Aalto y Ludwig Mies van der Rohe) y uno de los  arquitectos más influyentes del siglo XX”. Quizás el único gran error de diseño de Le Courbussier fue su diván para analista pues llevó a muchos pacientes a la depresión, la caída y la depresión por caída al piso.

37.1) La Martona: Vicente L. Casares funda en 1889 “la industria de leche higienizada, filtrada, controlada y clasificada y de dulce de leche con cocción controlada y proceso mecánico”. Fue una de las empresas lácteas más grandes del mundo. Introduce el yogurt, la fragmentación y empaque automático de la manteca. “Se emplean vagones térmicos en FFCC en lugar de tarros (1935) y camiones térmicos para acopio de leche en tambos (1941, antes que en EE.UU.)”, de allí la conclusión de algunos argentinos prejuiciosos acerca de “la mala leche de los americanos”. El autor desarrolló algunos de sus aspectos más visibles en las barras de las lecherías de “La Martona”.

37.2) La Vascongada: además de La Martona “hacia fines del Siglo XIX y principios del siglo XX comenzaron a instalarse en Merlo un gran número de inmigrantes vascos. Ya en las primeras décadas del Siglo XX los vascos son la principal mano de obra agraria en el partido, transformando a Merlo en una «verdadera vasconia». Los vascos se dedicaron casi exclusivamente a la cría de ganado vacuno para la producción de leche en tambos. Aróstegui, Etchart, Etchegoyen, Etcheverry, Linzuain, Ilaregui, Salaverry, Indart, Martiarena, Landaburu, Dambolena, Estevarena, Irazu, Olaechea, Haristeguy, Arrieta, Iparraguirre, Leguía, Echegaray, Saldubehere, Irigoin, Sala (Salle), Uthurralt, Aranguren, Alzugaray y Bidegorry son los nombres de algunas de las familias vascas que como estancieros, arrendatarios o como peones, reemplazaron a los irlandeses de mediados del Siglo XIX como trabajadores de campo y que eran el corazón de la economía agraria de Merlo de comienzos del siglo XX. Con 500 ha.  la Estancia Etcheverry proveía de leche a la empresa Kasdorf S. A., y Pedro Uthurralt, con una propiedad de más de 1.000 ha. en Merlo, fue el fundador de la empresa de productos lácteos La Vascongada S. A., empresa que dejó de existir en la década de 1980”.

38) Alejandro Lerner: cantautor argentino muy exitoso. Entre sus temas se encuentra el de “La historia sin final” cuyo coro incluyo para que lo vaya cantando mientras guarda la tarjeta SUBE para subir al Subte en hora pico:

Vivimos una historia sin final

el mismo sentimiento

y así estaremos juntos

soñando un nuevo mundo

un juego compartido y singular

Vivimos una historia sin final…

Yo me la reservo para el final de los partidos de Racing, la querida Academia.

39) “reyunos”: además de los caballos del rey, también se llama “Los reyunos” la central hidroeléctrica sobre el río Diamante, en San Rafael, Mendoza, cuyo montaje electromecánico dirigió el propio autor de estas notas aclaratorias tan insignificantes cuando usaba un casco de lata en lugar de un gorro de dormir.

40) chocolate para tazas: “el chocolate a la taza es el chocolate negro (normalmente, con una proporción de cacao inferior al 50 %), al que se le ha añadido una pequeña cantidad de fécula (normalmente, harina de maíz) para que a la hora de cocerlo aumente su espesor. Suele disolverse en leche”, como lo hace el autor de estas notas. “El chocolate negro (llamado también chocolate fondant; chocolate amargo; chocolate bitter; chocolate amer; chocolate duro) es el chocolate propiamente dicho, pues es el resultado de la mezcla de la pasta y manteca del cacao con azúcar, sin el añadido de ningún otro producto (exceptuando el aromatizante y el emulsionante más arriba citados). Las proporciones con que se elabora dependen del fabricante. No obstante, se entiende que un chocolate negro debe presentar una proporción de pasta de cacao superior, aproximadamente, al 50 %del producto, pues es a partir de esa cantidad cuando el amargor del cacao empieza a ser perceptible. En cualquier caso, existen en el mercado tabletas de chocolate negro con distintas proporciones de cacao, llegando incluso hasta el 99 %. En algunos casos, se suele sustituir el azúcar por algún edulcorante…” En otra época se hablaba del chocolate “Águila” como sinónimo de chocolate en barras para la taza.

41) descangallada: palabra que aparece en el verso del tango “Esta noche me emborracho” de Enrique Santos Discépolo (1928) que dice: “Sola, fané, descangayada” para referirse a una mujer estropeada, desaliñada, que fue el amor de la vida de la voz cantante. También se refiere a la calle Cangallo, que en Argentina se pronuncia Cangayo, una calle que va desde el Puerto Madero hasta el Parque Centenario, pues la ciudad se quedó sin ella en 1984 cuando le cambiaron el nombre por Tte. Gral. Juan D. Perón.

42) apolíneo que resulte a la vista: lamento no contar con una imagen del dios griego Apolo a mano para que usted pueda verla y tenerme así  presente en todo momento.

43) “La flor de Coleridge”: texto de Jorge Luis Borges

http://unonodos.blogspot.com.ar/2011/10/la-flor-de-coleridge-jorge-luis-borges.html

PERFIL/PROFILE
¿Quién es Osvaldo? Who is Osvaldo?
o (Si llegara a leerme demasiado tarde)
or (if you happen to read me a bit late)
¿Quién fue Osvaldo? Who was Osvaldo? (but don't get sad yet)
Osvaldo recibió tres títulos del M.I.T.: uno laboral, en ingeniería química; otro secante, en Filosofía, y otro humectante, de guardavidas de la Cruz Roja Internacional. Valga aclarar que nunca salvó a nadie.
Osvaldo obtained three degrees at M.I.T.: a major one in Chemical Engineering, a minor one in Philosophy, and a medium one in Lifesaving. Of course, he never saved anybody’s life.
Osvaldo practicó el humor antes del despido en sus variadas actividades:
Osvaldo practiced humour before he was fired from the numerous jobs and activities that he engaged in and we list below:
- como profesor de Humor en la Literatura en el MUSEO MALBA,
- Professor of Literary Humour at the MUSEO MALBA (Argentina’s MOMA),
- como Director de ingreso del I.T.B.A. entre los años 2000 y 2003 y profesor de Dirección de Proyectos durante 8 años en la misma institución,
- Dean of Admissions from 2000 to 2003 at the Buenos Aires Institute of Technology and full professor in Project Management during 8 years at the same institution,
- como Gerente de proyectos de la Organización TECHINT durante 10 años,
- Project Manager during 10 years at Techint, the largest engineering, procurement, and construction company in Argentina,
- como director de producción de la MINA ÁNGELA, yacimiento de oro, plata, cobre, plomo y zinc en la Patagonia, donde ni siquiera supo hacerse rico,
- Production Manager at MINA ÁNGELA, a gold, silver, copper, lead, and zinc mine where he didn’t become rich at all,
- como ingeniero en procesos de nylon de DUCILO (Du Pont Arg),
- Process engineer at DUCILO’s (DU PONT fibers) nylon factory in Berazategui, State of Buenos Aires, where he studied women’s stockings and underwear rather than women themselves,
- como profesor de Teoría del conocimiento y Metodología de la investigación en la U.T.N. Gral Pacheco, que durante su gestión se llamaron Teoría de la Ignorancia,
- Professor in Theory of Knowledge (Episthemology) at the UTN (National Technical University) graduate school, a course familiarly identified as Theory of Ignorance during his times,
- como escritor de fracasados libros y aburridos artículos, que actualmente están ubicados en las mesas de liquidación del Parque Rivadavia,
- writer of various unreadable books and many most boring articles,
- como columnista radial en FM CULTURA y RADIO DE LA CIUDAD, donde gracias si, por distracción, lo escuchaba algún colega de la mesa,
- radio commentator for FM CULTURA and AM RADIO DE LA CIUDAD,
- como coordinador de talleres literarios de niños, adolescentes y grandes,
- coordinator of literary worshops for children, teenagers and adults,
- como jugador de vóleibol de primera división de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, donde aprendió a vivir a los pelotazos.
- first division volleyball player for Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, one of the four top teams in the local league.

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