EL HOMBRE MECÁNICAMENTE MASCULINO

LAVANDO EL MODELO
Por Osvaldo Peusner
25 de septiembre 2013

A Franco le pareció que Alba estaba excesivamente maquillada para volver de su trabajo en la clínica.
– ¿Por qué tan producida? – fue la primera pregunta del muchacho afectuosamente preocupado.
– Mi analista me pidió que tratara de ser más mujer – le contestó la joven luchando por disimular el rubor que avanzaba por sus mejillas.
En este punto valga aclarar que Buenos Aires es una de las ciudades más psicoanalizadas del mundo, que Alba recién había reemplazado a su modesto psicólogo del servicio por un psicoanalista/psiquiatra de renombre, lujoso consultorio y generoso honorario, y que, aunque habituados al individualismo y la transgresión en la vida cotidiana, los argentinos nos dejamos influenciar como rebaño por los políticos, economistas, periodistas, deportistas, voceros, sindicalistas y, particularmente, por aquellos a quienes vulgarmente llamamos analistas.
– ¿Y eso vas a conseguirlo con rímel (1) y Pupa (2)? – fue la segunda pregunta de Franco que no pudo esperar para hacer una tercera -. ¿Alguna vez me quejé de que te faltaran atributos femeninos?
-No, pero vos… – replicó la chica con zozobra – … vos sos diferente.
– ¿Estas diciéndome que no soy hombre? – volvió a preguntar el muchacho sin aparentar dudas hormonales en su discurso.
– No, no, sos un flor de hombre… – dijo Alba quien, inconscientemente, estaba empleando una expresión que podía debilitar la masculinidad de su novio – pero tu coche…
– ¿Qué le pasa al renó (3)? – fue la quinta pregunta del joven que, más que una pregunta, era un salto pues, por amarla a Alba, no iba a declinar en su amor por el cochecito francés.
– Es que… debería estar limpio – completó la chica.
– ¿Te parece que puedo sacrificar mi tiempo de docente en literatura para andar lustrando el auto? – inquirió Franco que ya comenzaba a entrever la tesis de la chica.
– Si, lavarlo no tendría que ser un sacrificio para vos. La mujer cuida su aspecto y su casa; el hombre cuida su trabajo y su coche – recitó la joven.
– ¿Todo eso lo sacaste de tu análisis? – fue la séptima oportunidad para el muchacho desconcertado.

Alba asintió repetidamente con la cabeza mientras el poeta sacudía la suya para negar repetidamente la cuestión. Al rato, la cabeza de ambos también adquiría el mismo movimiento, como si fueran dos japoneses saludándose (4).
– No, el doctor Julián me puntualizó una situación que yo misma veo a diario pero que a vos parece no importarte – replicó la joven molesta con la actitud de su pareja -. Tengo que cambiar.
– Lo importante no es cambiar porque sí, sino saber hacia donde apuntás con los cambios – persistió Franco -. Cambiar la frescura de tu piel para darle tonos de artificio no me parece ningún logro. Es como escribir sin consigna. Sirve para los ejercicios de la clase, pero en la vida no hay ni ejercicios ni talleres.
– Comprendeme Franco: yo no me dedico a la poesía – suplicó Alba-. Quiero ser como el resto de la sociedad.
– Y yo te quiero así, perfecta como sos – retrucó el muchacho.
– No, no soy perfecta. Soy una rareza – insistió la chica, mientras su interlocutor retomaba:
– Serás una rareza como lo será mi escritura, diferente y artística.
Un poco más tarde, como cada uno de ellos sintió que el otro había optado por un paradigma diferente, los jóvenes hicieron lo que hace la gente de bien, se dijeron unas palabras, se dieron unos besitos y desearon que la familia Trapp llegara a tiempo para despedirlos musicalmente (5).
Pero como ustedes saben, no hay palabras inocuas en el espacio (6), y las de Alba tampoco lo fueron para Franco, a quien le resultaron tan fulminantes que, de inmediato, el muchacho comenzó a perder imagen, ritmo y fogosidad. Cuando lo comprendió así, aflojó en su dedicación a la cátedra de poesía hispanoamericana contemporánea para buscar un nuevo trabajo pero ¿qué puede hacer un poeta en un medio donde a los mismos mentirosos los llamamos “verseros? ¿quién le daría un trabajo físico o intelectual sólo por dominar el “yo-lírico”? Créanlo, si están en condiciones de creer, que siempre hay uno. En esta ocasión fue el dueño de un lavadero de autos con un hijo estudiando literatura en la tierra de Unamuno (7).
– Al principio vas a ser el más lento del equipo. No te preocupes. Vas a aprender como los demás aunque todavía no tengas callos en las manos.
– Téngame paciencia, señor – atinó a decir el joven -. Por un tiempo, puedo sacrificar mis propinas.
– No, no – le cortó el patrón -. Vos tenés que ser igual a los demás.
Franco recordaba haber escuchado esas mismas palabras de boca de Alba quien, a su vez, las había escuchado de boca de Julián quien, muy difícilmente, habría tenido algún contacto con el dueño del Autowish (8) a menos que… Le preguntó a don Roque si tenía algún psiquiatra entre sus clientes.
– Varios, varios psiquiatras, pero ninguno como el doctor Julián – aclaró este último -, no podría atenderme con él si no lavara su auto aquí todos los días. ¡Qué propinas!
– ¿Todos los días lo lava? – preguntó el muchacho sorprendido.
– Menos los fines de semana que lo lleva al “Washwash” del Shopping de Pilar – respondió don Roque con solidez académica (9) – pero allá es otra cosa.
-¿Por qué? – inquirió el poeta para quien tanta limpieza le sugirió tanto una necesidad de fregar tradicionalmente vinculado a las mujeres frígidas (10) como “la purificación y el olvido” en las noches borgeanas (11).
– Como en el country el coche sirve para mostrar el éxito profesional de sus propietarios, allí el doctor lo hace lavar varias veces al día – continuó el patrón -. Si el coche está sucio, se lava; si está impecable también.
– ¿Y no se le gasta la pintura? – curioseó joven.
– No, muchacho -. El doctor compra los autos con varias capas de laca adicional, como los que muestran en las exposiciones internacionales de autos de colección, y los usa sólo hasta que sale el nuevo modelo.
Momentos después, vistiendo el overol de los secadores y portando un trapo rejilla en mano, Franco se presentó ante el encargado de playa que lo asignó al equipo más raleado dándole esta única instrucción:
– Pasar el trapo es una cosa, secar es otra.
El secador tuvo que repetirse una y otra vez la consigna mientras agradecía haber sido incorporado a secado y no a lavado, un sector que podía aparecer vinculado con el lavado de dinero, con los buscadores de pepitas de oro (12), con las lavanderas de Portugal (13) y con el puente de Avignon (14). Además ¿por qué no decirlo? el lavado está lejos de las propinas y de las aspiradoras que absorben las monedas olvidadas o desperdigadas en el interior de los coches.
Curiosamente, la actividad física no le quitó poesía a su vida. Muchas veces, a partir de la marca o del modelo de un vehículo o del aspecto o del gesto de un conductor le surgía una imagen que adquiría el ritmo justo para su expresión; podría desarrollar una poética del lavado:

Merced al 300 pierdo el aliento
Sin foco y sin luz el Siena y el Sena.
Picasso y Pizarro ríen con sarro,
Cubos y locos, mangueras y trapos,
Cuatro por cuatro da menos que dos.

Demasiados endecasílabos, se decía el muchacho, a quien cada vez más buscaban los clientes por su especial compromiso con los vehículos. El mismo dueño del Autowish comenzó a dejarle su coche para que reluciera como ningún otro. Y en poco tiempo la perfección de Franco se convirtió en el tema central de la confitería del lavadero de alta gama:
– Es como un curador filipino (15). Limpia el auto sin tocarlo.
– Trabaja con los ojos cerrados como si lo estuvieran guiando desde el cielo.
– Le basta con acariciar el auto para que brille.
– Hasta los coches lo saludan.
Una vez alguien que esperaba su auto en la confitería se animó a preguntarle en qué pensaba durante el secado. El joven poeta (16) le respondió:
– Mi cabeza siempre está en el coche, ya sea en el que estoy por secar, ya sea en el que estoy secando, ya sea en el concepto platónico del mismo, ya sea en la diversidad sociológica del conjunto vehicular.
De aquí en más, y sin buscarlo ni quererlo, el secador se convirtió en un mito ligado a los coches de la clase media alta. Es cierto que pocos clientes se arriesgaban a mantener una conversación a solas con él. Pero un día de tantos, dos autos aparecieron alineados en su fila, un BMW negro y un HONDA blanco; del primero bajó un conocido empresario joven que le pidió al secador una bendición para su 0 Km retirado minutos antes de la concesionaria, y que luego se desplazó hasta el coche de atrás, al que le abrió la puerta para que de él descendiera una mujer magnífica, muy arreglada, también conocida: Alba.
– Hola, Franco – lo saludó la chica con un beso fraternal -. ¡Qué bien se te ve en el uniforme! ¿Me harías el favor de guardarme el FIT en el lavadero por unas horitas? El joven aceptó sonriendo, mientras Alba se apuraba para juntarse en la confitería con el otro conocido. El secador se acercó al primer auto para darle los pases mágicos mientras, silencioso, suspiraba un mantra tibetano (17).
Apenas se retiró el vehículo negro con sus dos conocidos adentro, el poeta volvió a la plegaria budista (18) para poder retomar su misión en la tierra. La oración no le duró mucho. Esta vez le interrumpía la llegada de un Porsche gris plata del que bajaba una mujer de figura espléndida, esbelta, elegante con solo una pregunta humedeciéndole los labios: ¿Vos serás Franco?
El joven sintió que le había tocado un día para sonreír.
– Sí, Franco de nombre y franco de alma.
– ¿Te manejás con la alta gama?
El muchacho no podía salir de sus juegos poéticos. Alta gama, verbalizó; alef gimmel, hebraizó; alfa gamma, helenizó. Pero su yo-lírico confundió el paso y quedó su yo sapiens sapiens, con algún tinte de Neanderthal (19), desnudo y bocón, respondiendo:
– Me encantan tus altas gambas (20).
No, no, yo no soy así, se dijo inmediatamente, pues le resultaban horribles tanto el fondo lascivo de sus palabras como la forma octosilábica de las mismas, una versificación primaria, primitiva, bochornosa y “bochable” (21).
– A mí también me encantan, pero no vine aquí para hechizarte a vos sino para que vos me hechices – objetó la diosa desechando el comentario y camuflando sus atributos para hacerlos aún más visibles y ¿por qué no? más divinos-. ¿Serías capaz de embellecer mi cochecito?
Franco, que se sintió aliviado al verse disculpado, sopesó su próxima respuesta antes de emitirla:
– La gente dice que embellezco todo lo que toco.
– ¿Todo? – preguntó ella picaresca y moviendo sus contornos para que el comentario no fuera excesivamente abstracto.
– Nada más que lo que toco – sonrió el secador, dedicándole ahora una larga mirada al espejo, quizás espejismo, esmeralda de la deidad.
Luego de verse convertida en imagen azul profundo en los ojos de Franco, la mujer apoyó sus curvas en las del Porsche, posó su mano derecha en la rara combinación muscular y poética del antebrazo del muchacho y apuró el diálogo:
– ¿Querés empezar por el auto?
– Si no hay más remedio…- suspiró el joven.
Y cuando ya se despedían momentáneamente, pues no dudemos que los dos interlocutores seguirán avanzando en la misma dirección, aunque menos trágicamente, que los chicos inmortales, pero muertos, de Teruel (22), apareció don Roque para darle una bienvenida ceremonial a la recién llegada:
– ¿Encuentra todo en orden, señorita?
– Mejor imposible – fue la respuesta, más ritual que religiosa, de la diosa.
El dueño del lavadero comprendió que su lavadero ya contaba con una nueva cliente y trató que su alegría comercial no derivara en un destello de natural envidia de género hacia su exitoso empleado. Durante el proceso de metabolización de pasiones de don Roque, la mujer acotaba:
– Ahora Franco va a explicarme el ABC del lavado – completó.
– Bueno, no precisamente el ABC. Tenemos que distinguir entre ABC, el abecedario y el alfabeto. Puede llevarnos un rato largo, ¿podrás ahora? – inquirió el secador.
– Claro que puedo – contestó la chica -. ¿Y tu trabajo?
Mientras le entregaba las llaves del FIT de Alba a su patrón, el joven le decía:
– ¿Le parece bien si vuelvo mañana?
¿Qué otra opción le quedaba a don Roque sino concederle el tiempo libre al mejor secador de Buenos Aires, quizás, el mejor en toda la historia de la ciudad? Lo saludó con un “hasta mañana” y, rato después, el Porsche salía con los jóvenes apasionados por el saber:
– Fijate que la terminología ABC generalmente se guarda para “los primeros elementos de alguna ciencia o arte”; abecedario y alfabeto son las formas vulgar y culta de llamar al orden de las letras de una lengua. Abecedario tiene color latino y alfabeto color griego. Pero lo importante es que “el abecedario se aprende y el alfabeto no se acaba de aprender” (23). ¿Me seguís? – cerró Franco magistralmente.
– ¿Cómo no seguirte? – contestó la chica -. Yo amo las lenguas (24).
Esa misma tarde, luego de retirar su FIT purificado y reluciente, Alba se presentó llorando ante Julián, que sólo la recibía de emergencia en su consultorio.
– No, Alba, no es así – le interrumpió el doctor -. Evite el llanto, por favor; para mí, el llanto en la mujer es como la menstruación (25). No me afecta. ¡Olvídelo! ¿Y por qué está llorando ahora?
La chica se despachó con la historia del lavadero: el BMW negro, el FIT blanco, Franco musculoso, Franco ausente, Franco dándole la llave de su auto al dueño del Autowish. Terminó el relato y, esperanzada, miró hacia la boca que emitiría señal, sentencia y sabiduría a la vez.
– ¿Quién es Franco? – dijo.
– Doctor, hace mucho tiempo que hablamos de Franco – le recordó Alba pensando que, quizás, por estar fuera de su horario habitual de sesión, al maestro le patinaba la memoria.
– ¿Quién es Franco? – insistió el analista obtusamente freudiano (26) y sordamente lacaniano (27).
Alba comprendió entonces que no había olvido alguno en las palabras de Julián sino la reiteración que, para el analista, Franco estaba sepultado desde hacía varios meses, incluso antes de la ruptura formal en la charla del maquillaje.
– No me malentienda, doctor, yo no estaba con Franco. Se lo… – juró la chica sin llegar a persignarse.
– ¿Y con quién entonces?
– Con Germán (28), el dueño del BM nuevo y negro – confesó Alba, ya acorralada.
– Un BMW negro, nuevo, un alemán en el lavadero – pronunció Julián con acento vienés antes de concluir muy satisfecho -. Ése es un hombre para usted.
Mientras trataba de tejer las palabras, los pensamientos y los prejuicios de su interlocutor en un solo paño, Alba vio que su analista se frotaba las manos con alcohol en gel, quizás actualizando así el ritual de lavarse las manos de los jueces de antaño ante el peso de la propia sentencia.
– ¡La felicito!
Pero Alba seguía desconsolada.
– Franco es el mejor lavador de autos de la ciudad – emitió entre sollozos.
– Doy fe de sus palabras porque, a mi también, me lava el auto mejor que nadie – agregó Julián – . Pero ¡pobrecito! No entiende que el lavado que sirve es el del auto propio.
– Sí, claro, yo tengo que llorar por el pobrecito que fue a revolcarse con la puta del Porsche (29) – insistió una Alba, ya desencajada, ya deshidratada, ya desalinizada, ya decolorada.
Comprendiendo que el tema no era risible, pero sin dejar de captar que la situación merecía una intervención risueña, el psiquiatra emitió una carcajada satánica tan artificial como cada uno de los elementos, permanentes, provisorios o pasajeros, incorporados o instalados en aquel consultorio. Al recuperar la voz (30), sus palabras fueron sumamente contenedoras (31) para la paciente:
– No se deje engañar nuevamente, Alba. Las hormonas no cambian de sexo. Ese día, por falta de hombría, Franco no solo no lavó su propio auto, que estaciona allí mismo para vergüenza de todo el lavadero, también le entregó a otro hombre la llave del Honda, del alma y del cuerpo de una mujer a la que decía amar. Cometió muchos pecados, entre ellos, el más grave que puede cometer ser humano en La Tierra: descuidar un coche. Váyase a disfrutar la vida con Germán, que la tiene muy clara, y deje que él le lleve el auto a lavar. Es cosa de hombres. Nos vemos el lunes en nuestro horario de siempre.
Alba se retiró disimulando su inexplicable dolor. Si todo andaba mejor en su vida, ¿por qué no podía celebrarlo como Julián lo hacía? Lo había conseguido todo y, además, lograría que Franco le mantuviera el coche inmaculado por varios años más, quizás gratuitamente. ¿Por qué le resultaba entonces tan difícil conjugar el mejor pensamiento con el mejor sentimiento con la mejor gente? ¿Mejor? ¿Qué quiere decir mejor en este contexto? Al entrar en el ascensor y estirar el brazo derecho para oprimir el botón de la Planta Baja, la chica descubrió una mancha de grasa en el puño de su blazer, unos centímetros por sobre la muñeca, del lado interior del antebrazo. Inconscientemente, dobló su brazo derecho sobre su pecho, dejó que su mano izquierda tomara el antebrazo desde afuera hasta acercar la mancha a sus labios para besarla largamente; luego, abrazarse a sí misma con ternura y, por fin, desgarrarse totalmente.
Instantes después, Alba salía del ascensor y veía estacionado frente a la puerta del edificio un BMW, negro y reluciente, que parecía llorar sin consuelo.

 

 

 

1. Rímel: en la Argentina la palabra “rímel” define a la máscara de pestañas, un cosmético usado para oscurecer, espesar y definir las pestañas. El rímel moderno fue creado en 1913 por el químico T. L. Williams para su hermana Mabel. Estaba hecho de polvo de carbón mezclado con vaselina. El producto fue un éxito con Mabel, y Williams comenzó a venderlo a través del correo. Su empresa, Maybelline, se convirtió finalmente en la principal compañía de cosméticos. Afortunadamente para nosotros, que no quisimos llamar “williams” al producto para no confundirlo con un maquillaje para tenistas, el empresario francés Eugène Rimmel usó un producto similar para desarrollar su empresa House of Rimmel en 1834 en Regent Street, Londres, Inglaterra. En la actualidad la empresa está bajo el poder de Coty, Inc, que todavía pugna por desarrollar e imponer un “coty” en el mercado mientras yo trato de elaborar un “osvaldo” de utilidad (editado a partir de Wikipedia). Asimismo, el rímel servía para detectar cuando la mujer había llorado porque las lágrimas arrastraban el mejunje y manchaban las mejillas propias y ajenas (en esos tiempos sólo las mujeres empleaban el rímel) al igual que las camisas de los ingenuos, piadosos o comprensivos. En el año 197 la escritora argentina Poldy Bird publicó un libro, que fue muy vendido y leído, bajo el título Cuentos para leer sin rimel, lo que equivalía a decir cuentos para llorar. En la actualidad, ese libro sería un fracaso pues ya existe un rímel que permite nadar en la pileta, en el río, la laguna y el mar.
2. Pupa: Maquillaje femenino de origen italiano. Aunque el diseño de las cajas puede tener articulaciones y varios pisos, hay que comprarlo en el Free Port del Buquebus o del aeropuerto de Miami para evitar las imitaciones.
3. “renó”: es la pronunciación argentina para la marca Renault. No debe confundirse con el tractor del trineo de Santa Claus, uno o varios “renos”. Al reno navideño suele llamárselo “reindeer” en inglés, aunque “reindeer” podría entenderse como “ciervo de tiro” y aunque otros lo llamen “caribou”. La primera acepción es más feliz dada la popularidad de “Rudolph, the red nosed reindeer”, que inspiró una de las canciones favoritas del autor del presente cuento.
4. Saludo japonés: “los japoneses y coreanos, tanto hombres como mujeres, utilizan mucho esta forma de comunicación. Lo usan para decir ‘adiós’, ‘gracias’, ‘lo siento’ o para mostrar humildad ante una persona de mayor rango” (Wikipedia). En Estados Unidos, en una ocasión el joven Franklin visitaba a un pastor en su vivienda a medio construir. De pronto, el pastor le dice al visitante “Humíllate, Ben”, quien no entiende el mensaje que el pastor repite una y dos veces. De pronto, Benjamín golpea su cabeza contra una viga baja. Como “ven”, la humildad también fue importante en la Nueva Inglaterra pre-revolucionaria. En Argentina mostrar humildad es una falta de respeto imperdonable.
5. Despedida musical de la familia Trapp: se trata de la canción “So long farewell” de la Novicia Rebelde (The sound of music), con la que los hijos del capitán von Trapp se despiden de los invitados mayores que concurren a la fiesta que brinda su padre a una baronesa que le gusta, aunque ya está presente María (o sea Julie Andrews) y que tiene el papel protagónico en el film.
6. En su poema “La flecha y la canción”, el poeta norteamericano Henry W. Longfellow (1807 – 1882) ha dicho que, además de palabras, hay canciones y flechas:

I found the arrow, still unbroke
Encontré la flecha, aún intacta
And the song, from beginning to end,
Y la canción, del comienzo al final
I found again in the heart of a friend.
la encontré nuevamente en el corazón de un amigo.

7. La tierra de Unamuno: Miguel de Unamuno nació en Bilbao (1864) y murió en Salamanca (1936), a la que llamamos su tierra por ser la tierra donde vivió, pensó, enseñó y murió. “Fue un escritor y filósofo español perteneciente a la generación del 98. En su obra cultivó gran variedad de géneros literarios como novela, ensayo, teatro y poesía” (Wikipedia). Unamuno fue un hombre tan equilibrado que vivió igual cantidad de años en los siglos XIX y XX.
8. Autowish: el nombre del lavadero de autos puede llevar a confusiones pues podría sugerir que los autos tienen deseos o el deseo de un individuo por un auto o el deseo personal de uno mismo, aunque los deseos siempre deberían de ser individuales, a menos que se trate de los deseos de los adolescentes cuando eligen carrera universitaria, que frecuente y casualmente demasiadas veces coinciden con los deseos de sus padres.
9. Académico: un término que designa al miembro de la Academia de Atenas o Academia platónica, “una escuela filosófica fundada por Platón cerca del 388 AC… Dedicada a investigar y a profundizar en el conocimiento, en ella se desarrolló todo el trabajo matemático de la época y se desarrolló la teoría heliocéntrica. También se enseñó medicina, retórica o astronomía. Sin embargo, su inclinación por los estudios matemáticos, le llevó a poner en el frontispicio de la Academia, la siguiente inscripción: “Aquí no entra nadie que no sepa geometría”. (Wikipedia) También por extensión geométrica y lingüística se llama académico al fanático del Racing Club de Avellaneda que pugna, habitualmente en forma infructuosa, para que la esfera denominada “pelota” o “balón” no ingrese en el rectángulo del arco o portería albiceleste.
10. Frígido: adj. y s.: (persona) incapaz de sentir placer o deseo sexual; (poético), frío, ej.: el frígido ambiente de la noche invernal. Curiosamente, los fríos o frígidos países escandinavos están muy ligados a una sexualidad nada frígida… al menos en las películas que yo vi (y gocé). Fregado: a la gente obsesiva por la limpieza tradicionalmente se la relaciona con la frigidez quizás porque nadie sale inmaculado después de un buen revolcón en el telo.
11. “La purificación y el olvido”: verso recurrente en la poesía “Heráclito” de Jorge L. Borges.
12. Buscadores de pepitas: el autor los mira de reojo pues, en su extenso pasado, trabajó en la Mina Ángela, ubicada en Gastre, Chubut, donde el oro se presenta en vetas. Pepitas y vetas, Boca y River, Racing e Independiente, Estudiantes de La Plata y Gimnasia y Esgrima, Nueva Chicago y Morón.
13. Las lavanderas de Portugal, (1957) dirigida por Pierre Gaspard-Huit, Ramón Torrado y protagonizada por Paquita Rico, Jean-Claude Pascal, Anne Vernon, Carlos …
Jacqueline François – Les Lavandières Du Portugal
14. “Sobre el puente de Avignon”: canción infantil que incluye los siguientes versos:
Sobre el puente/de Avignon/todos bailan/todos bailan/
sobre el puente/de Avignon/todos bailan/y yo también.
Hacen así/así las lavanderas/hacen así/así me gusta a mí.
Hacen así/así los carpinteros/hacen así/así me gusta a mí.
15. Curador filipino: “en algunas terapias” de medicina alternativa “la curación de una enfermedad es atribuida a una intervención sobre el cuerpo etéreo, suerte de doble del cuerpo físico que sostiene y contiene a éste, constituido por vibraciones, considerado un organismo propio con circulación y plexos o chakras. Actuando sobre los centros de energía se actuaría sobre el cuerpo material. A modo de ejemplo podemos mencionar las ´operaciones psíquicas´ de los curadores filipinos, siendo el más famoso Alex Orbito.” (Wikipedia) El autor fue operado por Orbito en ocasión de sus visitas a Buenos Aires. De los males que lo aquejaban gravemente en aquella época, al autor sólo le quedó la escritura.
16. Joven poeta: en este punto se vuelve imprescindible la lectura de Cartas a un joven poeta, de Rainer María Rilke, a quien se le robó la expresión “joven poeta” justamente para que usted no deje de leer, aunque sea la primera carta de Rilke, una de las piezas literarias más hermosas de toda la literatura para el autor de este cuento quien, a esta altura del argumento, se está preguntando si debe conseguir un secador de vidrios para trabajar en las esquinas de Buenos Aires, un buen trapo para acercarse al Autowish o, simplemente, el mismo trapo para hacer sus primeros pasos como “trapito” en los barrios periféricos de la ciudad.
17. Mantra tibetano: “los mantras son recursos para proteger a nuestra mente contra los ciclos improductivos de pensamiento y acción. Aparte de sus aspectos vibracionales benéficos, los mantras sirven para enfocar y sosegar la mente. Al concentrarse en la repetición del sonido, todos los demás pensamientos se desvanecen poco a poco hasta que la mente queda clara y tranquila”.
18. Budista: en el budismo tibetano o tántrico tienen lugar los mantras tibetanos. Es una de las líneas del budismo que los occidentales generalmente asocian con una sexualidad interminable y eterna. El budismo tántrico también tiene otras vetas menos apetitosas para los occidentales, como las que guiaba el Dalai Lama, su líder espiritual.
19. Neanderthal: según nos contó el Dr. Alberto Kornblihtt, un brillante biológo molecular argentino en “La ciencia de los genes y los genes de la ciencia”, una charla a la que concurrí invitado por mi generoso amigo, el licenciado Norberto Galacho, hasta el mismo autor de esta nota aclaratoria, que también es el autor del cuento, está contaminado con un 20% del hombre de Neanderthal. Discúlpenme si no continúo redactando esta nota pero me parece imposible que yo esté relacionado con ese hombre mono de mierda.
20. Gambas: palabra que puede referirse a las piernas de ambos sexos o a un crustáceo, al que se incluye entre los mariscos, que se prepara al ajillo y que, si no le ensucia la ropa, resulta riquísimo. En la expresión “¡qué gambas!” indiscutiblemente se habla de las piernas de la mujer, al menos los hombres lo hacemos.
21. Bochable: cuando un estudiante no aprobaba un examen, se decía que lo habían bochado, por semejanza con el juego de las bochas en el que una bocha saca de su lugar a la bocha mejor ubicada. También en esa época se hablaba de alumnos reprobados, una expresión que, ante el uso masivo del prefijo “re”, parecía significar doblemente aprobados. No hay tercera aprobación por razones constitucionales. Entonces se pasó a la palabra “desaprobado”, un absurdo sonoro, poético y académico, que merece un bochazo.
22. Teruel: en el siglo XIII los jóvenes Isabel de Segura y Juan Martínez de Marcilla (Diego para el vulgo) dan lugar a la leyenda de Los amantes de Teruel, una historia tan triste que les ruego no me pidan que se las cuente.
23. ABC, abecedario y alfabeto: diferenciación del Diccionario General Etimológico de R. Barcia que el autor podría admitir.
24. “Yo amo las lenguas”: por favor, no traten de construir un ejercicio de polisemia con esta expresión tan guasa, por más que la palabra “lenguas” podría tener al menos dos significados uno de ellos bastante respetable.
25. “El llanto es como la menstruación”: una expresión del Dr. Andrés Denes, excepcional escritor argentino que eligió la vida legal en lugar de los libros ilegales, aunque fue el autor de El primogénito, de hermoso texto e imagen.
26. Obtusamente freudiano: los seguidores más ortodoxos del gran Freud, como no eran ni siquiera parecidos a Freud, se sintieron obligados a creer en la doctrina que incluye el siguiente concepto de un miembro de la comunidad pre-analítica llamado Atila: “si no entra en el marco, entrará en el cajón”. Se recomienda la lectura del libro del autor del presente Un marco de realidad (¡No se lo pierda!).
27. Sordamente lacaniano: los seguidores de Jacques Lacan, el gran psicoanalista francés que reinterpretó a Freud desde otra óptica (quizás diferente de la su modelo óptico que es un mamarracho científico), consideran que el silencio lacaniano debe ir acompañado de una superlativa capacidad para escuchar al prójimo… o para descansar mientras el prójimo habla.
28. Germán: no trate de hacer el siguiente ejercicio lógico “Franco es a Renault como Germán es a BMW” que ya lo hizo Jean Paul Sartre en la obra teatral “Los secuestrados de Altona” o en la película “Los condenados de Altona”, de Vittorio de Sica (1962) donde Franz von Gerlach se recluye en un altillo para purgar sus pecados, aunque lo ayuda a sentirse mejor la presencia de Sophia Loren como hermana, coprotagonista y amante, y la música de fondo de Franco Nero, otro Franco que no está en el mismo lavadero.
29. La puta del Porsche: no pregunte cómo hizo Alba para saber que Franco se había rajado con la mina del Porsche. Puede suponerse que se lo dijo don Roque quien, por esta razón, se ha ganado una buena temporada en el Pandemonium.
30. Recuperar la voz: a diferencia de Satanás que pierde su voz humana al pasar de ser un ángel elegido a la forma de una serpiente que reina en el infierno, según la descripción precisa de John Milton en “El paraíso perdido”, el Dr. Julián vuelve a tener voz. Quizás Julián no sea tan satánico como imagina el autor.
31. Contenedoras: palabra mentirosa pues lleva a grandes confusiones. En alguna ocasión, una alumna que se había lastimado en una clase de gimnasia rítmico expresiva de Susana Milderman le dijo a su maestra: este no es un gimnasio contenedor. Susana le respondió: no, acá las clases son con cuchara.

PERFIL/PROFILE
¿Quién es Osvaldo? Who is Osvaldo?
o (Si llegara a leerme demasiado tarde)
or (if you happen to read me a bit late)
¿Quién fue Osvaldo? Who was Osvaldo? (but don't get sad yet)
Osvaldo recibió tres títulos del M.I.T.: uno laboral, en ingeniería química; otro secante, en Filosofía, y otro humectante, de guardavidas de la Cruz Roja Internacional. Valga aclarar que nunca salvó a nadie.
Osvaldo obtained three degrees at M.I.T.: a major one in Chemical Engineering, a minor one in Philosophy, and a medium one in Lifesaving. Of course, he never saved anybody’s life.
Osvaldo practicó el humor antes del despido en sus variadas actividades:
Osvaldo practiced humour before he was fired from the numerous jobs and activities that he engaged in and we list below:
- como profesor de Humor en la Literatura en el MUSEO MALBA,
- Professor of Literary Humour at the MUSEO MALBA (Argentina’s MOMA),
- como Director de ingreso del I.T.B.A. entre los años 2000 y 2003 y profesor de Dirección de Proyectos durante 8 años en la misma institución,
- Dean of Admissions from 2000 to 2003 at the Buenos Aires Institute of Technology and full professor in Project Management during 8 years at the same institution,
- como Gerente de proyectos de la Organización TECHINT durante 10 años,
- Project Manager during 10 years at Techint, the largest engineering, procurement, and construction company in Argentina,
- como director de producción de la MINA ÁNGELA, yacimiento de oro, plata, cobre, plomo y zinc en la Patagonia, donde ni siquiera supo hacerse rico,
- Production Manager at MINA ÁNGELA, a gold, silver, copper, lead, and zinc mine where he didn’t become rich at all,
- como ingeniero en procesos de nylon de DUCILO (Du Pont Arg),
- Process engineer at DUCILO’s (DU PONT fibers) nylon factory in Berazategui, State of Buenos Aires, where he studied women’s stockings and underwear rather than women themselves,
- como profesor de Teoría del conocimiento y Metodología de la investigación en la U.T.N. Gral Pacheco, que durante su gestión se llamaron Teoría de la Ignorancia,
- Professor in Theory of Knowledge (Episthemology) at the UTN (National Technical University) graduate school, a course familiarly identified as Theory of Ignorance during his times,
- como escritor de fracasados libros y aburridos artículos, que actualmente están ubicados en las mesas de liquidación del Parque Rivadavia,
- writer of various unreadable books and many most boring articles,
- como columnista radial en FM CULTURA y RADIO DE LA CIUDAD, donde gracias si, por distracción, lo escuchaba algún colega de la mesa,
- radio commentator for FM CULTURA and AM RADIO DE LA CIUDAD,
- como coordinador de talleres literarios de niños, adolescentes y grandes,
- coordinator of literary worshops for children, teenagers and adults,
- como jugador de vóleibol de primera división de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, donde aprendió a vivir a los pelotazos.
- first division volleyball player for Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, one of the four top teams in the local league.

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