LA IMPORTANCIA DEL CORTE DE IMAGEN DURANTE EL SIGLO XX

LA IMPORTANCIA DEL CORTE
Por OSVALDO PEUSNER
25 de mayo 2013

Eleonora no nació ni en Londres ni en Toledo ni siquiera en Solingen sino en la plateada Buenos Aires, la capital de la República Argentina, pero llegó a ser tan virtuosa en el manejo de las tijeras que bien podría haber sido confundida con una nativa de estas ciudades afamadas mundialmente por el filo de sus aceros. Curiosamente, ella no aprendió a dominar las tijeras en sitios de corte preciso y cronométrico (1), como en un laboratorio o en un quirófano o en un consultorio psicoanalítico; tampoco lo hizo bailando “el scher” en las fiestas judías (2) o la danza peruana de las dos tijeras (3) o persiguiendo a una tijereta en Disney World (4). Eleonora desarrolló su arte dentro del mundo de las imágenes en una época anterior a las estéticas, los implantes, los postizos y el photoshop. Demasiado misterioso, me dirán. Estoy de acuerdo; sólo son ejercicios preparatorios porque me cuesta decirlo de golpe para no desilusionar a los lectores con inclinaciones por el buen tratamiento literario.
Eleonora era una mujer elegante, de edad mediana, de trato refinado, que vivía rodeada de gente: marido e hijos en casa, muchos hermanos y hermanas, muchos cuñados y cuñadas, todos ellos con muchos hijos, y una multitud de vecinos y amigos, un gran mundo social al que ella cultivaba, conservaba y, posteriormente, hacía retratar para ordenarlo en álbumes atestados de fotos grupales tomadas profesionalmente, dado que en aquellos tiempos no habían sido inventadas las máquinas de 35 milímetros para los amateurs, y menos aún los álbumes con hojas autoadhesivas, lo que la obligaba a montar cada foto entre cuatro esquineros dorados a los que, previamente, había que pegar a la página, un trabajo lento y delicado que sólo podía realizarse por gran necesidad o por simple devoción, dos elementos que ella conjugaba luciendo feliz a medida que incorporaba nuevos ejemplares humanos a su corral. Claro, me dirán ustedes, pero ¿cómo se arreglaban ella y el resto de su hogar para recibir más invitados manteniendo siempre las mismas dimensiones, la misma mampostería, los mismos álbumes y las mismas bibliotecas? ¿Cómo se crece en contenido sin crecer simultáneamente en continente? Y es en este punto, estimados lectores, donde debería comenzar la historia que yo escribo tan lentamente y que usted lee tan pacientemente, aunque su lectura ya esté superando la página introductoria.
En primer lugar, y como ya dijimos, Eleonora no vivía sola sino con su marido Eliseo, con su hijo mayor Ernesto, con su hijo menor Eugenio y con una empleada doméstica cuyo nombre no recuerdo pero a quien llamaré Emiliana, para mantener la uniformidad en la vocalización. En segundo lugar, hasta aquí nos hemos referido solamente a las incorporaciones al plantel social pero no así a las expulsiones del mismo, un rubro de la misma o de mayor magnitud que el primero. En tercer lugar, las expulsiones no se producían azarosamente sino cuando una ley o un decreto o una ordenanza adecuados las justificaban. En cuarto lugar, existía un brazo ejecutor de la ley en la figura de Eliseo, individuo irremediablemente difunto al momento de esta narración.
Comienza ahora un momento en la trama donde podrían notarse mis limitaciones en el análisis psicológico de los personajes, pero voy a disimular mi falencia y continuar. Es decir, no pienso claudicar en la argumentación sin desarrollar algún aspecto del caso. El sistema social de la familia parecía mantenerse en equilibrio dinámico gracias a las incorporaciones de Eleonora y a los despidos de Eliseo. Igual cantidad y ritmo de ingresantes que de expulsados. Sincronizados por computadora desde sus lejanos nacimientos en épocas en las que, curiosamente, no existían las computadoras personales (5), uno y otro se habían encontrado para formar, más que una pareja afectiva, una pareja ecológica que se interesaba en conservar un hábitat numéricamente constante. Un observador casual y neutral quizás hubiera visto en ellos la relación entre una anfitriona perfecta en la convocatoria y un patovica de igual perfección en la revocatoria. La tesis junto a su antítesis hegeliana. Sin embargo, Eliseo no echaba a la gente por un simple comentario verbal de Eleonora o del público pues se enorgullecía de su infalibilidad. Y no era fácil teniendo en cuenta las características de las viejas fotografías. ¿Recuerdan que las superficies no se marcaban fácilmente? En la actualidad podemos hacerlo recurriendo al “liquid paper” o al “lápiz labial”, pero en aquellos tiempos el primero no existía y el segundo podía vincular la decisión del despido con una mente femenina, un detalle que equivalía a dejar una pista de principiante en la escena del crimen. Tampoco se podía hacer una fotocopia y marcar el perímetro del elegido pues no había fotocopiadora en la casa ni en ninguna otra, ya que recién en 1959 aparecerían en los Estados Unidos de Norteamérica (6). Vuelvo a Eliseo quien, para cumplir plenamente su trabajo, no sólo debía reconocer al condenado, también necesitaba comprender las razones de su expulsión, desde el perímetro hasta el interior de su alma, desde su dermis hasta su centro de gravedad, desde su corteza más estéril hasta su savia más nutricia, descubrir que el músculo se había vuelto carne, que la carne se tornaba en célula, que la célula se convertía en arcilla y que la arcilla se atomizaba en polvo. Presenciando entonces esa polvorienta sumatoria de nadas que jamás llegaría a ser la Nada que parece anticipar al Ser pero que, en realidad, está definida por este último (7), Eliseo tímidamente le proponía a Eleonora el soplido feliz, feroz y final que despejara del horizonte al molesto individuo elegido. Era un momento sublime de la pareja en el que ella lo miraba a él con una expresión de sorpresa facial y embelesamiento que la llevaría a preguntar con voz profesionalmente impostada:
– ¿Te parece?
Él comenzaba por asentir movilizando su silenciosa cabeza en actitud de “tira el caballo adelante, y el alma tira p’atrás” (8) hasta que, a su vez, la convencía a ella y ambos asentían armónicamente, a la par y en pareja, emitiendo un melancólico:
– Y… si no hay más remedio…
A partir de este acuerdo, la responsabilidad por el despido quedaba en las manos y en los pies masculinos, pero no haré descripciones detalladas pues desentonarían con la filosofía de una página literaria para sumergirnos en una película de Tarantino (9). Asimismo, el lector podría informarse fácilmente sobre la tecnología (o el know-how) del tema por intermedio de algún gerente de recursos humanos de alta sensibilidad o concurriendo a cualquier boliche nocturno bien custodiado. Además, como se consideraba un artista del despido, Eliseo jamás se hubiera prestado para hacer público su quehacer sin mediar reconocimientos económicos jugosos de antemano.
Lo cierto es que, al cabo de unas 1200 palabras de trayecto literario, teniendo al condenado intelectualmente excluido del círculo, Eleonora comenzaba a lucir su destreza ambiental, organizativa y artística para mantener el inventario social numéricamente constante. Para mejorar mi síntesis: ella comenzaba a recortar al próximo expulsado de las fotos grupales. Una tarea bastante sencilla, en principio, que se reducía a buscar todas las fotos de la víctima en todos los álbumes, a extraer a cada una de ellas de sus cuatro esquineros, a delimitar los recortes pues, como no eran fotografías individuales, había que marcar la silueta de una persona completa o una parte de la figura o una cabeza mezclada entre veinte o treinta más y hasta una porción de cabeza. El próximo paso era fundamentalmente artístico, sin que este comentario se tome como un desprecio por el aspecto tecnológico. Un poco de plástica para señalar los bordes del condenado con un plumín mojado en tinta china blanca y una afilada tijera para recortar la figura de la persona a expulsar de la foto y de la sociedad. Esta tarea tenía consecuencias psicológicas profundas inesperadas para la pobre Eleonora porque, en el proceso de barrido y limpieza de las imágenes, ella comenzaba a prestarle atención exagerada a los vecinos del desaparecido, ya que estos personajes periféricos se convertían en los más débiles del resto de la estructura y los candidatos naturales al próximo recorte, aunque no hubieran existido razones ambientales que motivaran sus caídas en desgracia. Y así era como, sin quererla ni beberla, muchos llegaban a partir por simple vecindad.
En este punto le pido al lector que me salve de responderle una pregunta que surge naturalmente del texto y cuya respuesta, también naturalmente, yo desconozco. ¿Qué hacía Eleonora con las imágenes de las personas despedidas? ¿Se las entregaba a Eliseo para que no fallara en su función de verdugo? ¿Las tiraba a la basura? ¿Las guardaba para ceremonias macabras? ¿Las juntaba para pegarlas unas junto a otras sobre un fondo satánico para formar la sociedad de los malditos? Son preguntas que me acompañaban ya en su momento, que me persiguieron en mi extendida vida y que vuelvo a repetirme ahora, quizás, para evitar que usted me avergüence con ellas. Tenga respeto o piedad por mi situación y continuemos.
Como ven, la ecología hogareña se mantenía en régimen dado que las entradas y las salidas estaban compensadas. Pero no fue así por y para siempre, ya que algunas voces familiares y conocidas se habían alzado para decirnos que el tiempo se encargaría de producir una merma en toda la casa. ¿Por qué? Porque, a partir del viejo Vizcacha (10), nuestra sociedad cree que los dichos a los que acepta como verdades universales son expresiones de sabiduría mas que “lugares comunes” o simples prejuicios. Así como decimos “siempre que llovió, paró” y no “siempre que llovió, mojó”, en el rubro de la ancianidad también dice lo suyo: “a la vejez, viruela”; “julio los prepara y agosto se los lleva”, “los años y la soledad vienen juntos”. En otros términos, nos decían que no había que apurarse para ampliar la casa, las bibliotecas y las alacenas, porque próximamente las relaciones irían disminuyendo naturalmente. Una gran verdad que, como muchas grandes verdades, no se cumplió por las razones anticipadas sino por sinrazones accidentales.
Lo que sí ocurrió naturalmente fue que, con el correr del tiempo, la vista y el pulso de Eleonora fueron desmejorando progresivamente. El trabajo quirúrgico con las fotos se le fue haciendo más arduo y, muchas veces, resultó más impreciso que en el pasado. En uno de los casos más recordados, al recortar la figura de un primo segundo perverso, la tijera alcanzó el cabello de una tía muy querida por ella y por toda la familia, lo que terminó con Eliseo pateando justa y fuertemente “la posteridad” del joven y tironeando injustamente las níveas canas de la anciana. En otra ocasión, por su visión disminuida eliminó de las fotos a los más chicos, lo que trasformó a las reuniones casi en austeros velatorios. Lamentablemente, poco después, y quizás por la llegada a casa de una extraña litografía holandesa llamada “Manos dibujantes” (11), donde una mano izquierda sostiene el lápiz que dibuja el puño derecho de la manga de la camisa mientras la mano derecha sostiene el lápiz que dibuja el puño izquierdo de la manga de la misma camisa, Eleonora se distrajo al reducir la imagen de una boda y cayó muerta con la tijera en una mano y su propia fotografía recortada en la otra.
Quizás fue un error visual o un suicidio o una ceguera suicida. No lo sabemos y no lo sabremos. Los peritos forenses buscaron señales de hilos cortados por la tijera materna o por otra tijera de mayor calibre. No lo encontraron. Trajeron un especialista textil de Escocia para buscar pistas en forma de hilacha, rollo o filamento en toda la casa, un químico fotográfico de Rochester para determinar si había existido envenenamiento por contacto con las placas y un folclorista salteño para estudiar el consumo de vino y empanadas en la última reunión. Ninguno de los tres pudo sugerir otra cosa que el cielo. Y quizás, también por instrucciones del cielo, unos días después Eliseo falleció o bien de tristeza (12) o bien porque su vida ya no incluiría nuevas expulsiones.
De mi parte, sé que Ernesto recibió las tijeras como herencia de su madre y que las usó durante años para recortar papel glasé. Así fue como durante muchos años los lápices, los bolígrafos, la estilográfica y las tijeras convivieron en el mismo lapicero del muchacho. Después llegó la procesadora de palabras que los volvió innecesarios. Chapado a la antigua como la misma expresión, Ernesto frecuentemente escribía a mano y utilizaba el papel y las lapiceras tal vez para sentir la presencia de su madre o (¿por qué no? para reemplazarla en su rol social. Para su desgracia, en un descuido perdió las tijeras. Y me temo que, justo ahora y aquí, están por efectuar un nuevo, quizás último, corte.

 

1. Cronométricos: con perdón de Urano a quien su hijo Cronos castró con la misma guadaña feroz a la que, desde la antigüedad, le rinden culto los amantes del campo.
2. Scher o tijeras: un baile presente en todos los Bar Mitzvahs y casamientos judíos.
3. Baile ritual con dos tijeras, una representante de cada sexo, que cumplen los sacerdotes de Ayacucho en el Perú.
4. Introducción a la película “Los tres caballeros”, un largometraje de dibujos animados de Walt Disney presentada en 1944 en la que el pato Donald es el protagonista y va acompañado por otros dos caballeros: José Carioca de Brasil y Panchito de México.
5. Computadoras personales: según mi computadora, que no deja de ser una parte interesada en este rubro, las fechas de aparición de las computadoras personales en los Estados Unidos fueron: Apple II (1977), IBM PC (1981), el ZX Spectrum (1982), el Commodore 64 (1982), y el Apple Macintosh (1984). Yo sigo empleando el ábaco, una computadora con miles de años en sus espaldas.
6. Fotocopiadoras: ya habían sido inventadas entre 1935 y 1938 por Chester Carlson, quien llamó al proceso de copiado “xerigrafía” por “xeros” seco y “graphos” escritura, ambos en lengua griega, un proceso que había sido rechazado por falta de interés comercial por alrededor de veinte empresas consultoras y productoras hasta que apareció bajo el nombre Xerox.
7. Leer cualquier referencia sobre existencialismo para principiantes o para entendidos.
8. “La añera”, zamba de Athaualpa Yupanqui.
9. Quentin Tarantino: el director estadounidense que brilló con varias películas de poética violencia, entre ellas Pulp Fiction, que a él le han deparado importantes premios y a nosotros el temor a comer en un restaurante porque pueden llegar a asaltarlo los delincuentes inspirados en el arte cinematográfico del director nombrado cuyo nombre no pienso repetir (por temor).
10. El viejo Vizcacha: un personaje más nefasto que el Polonio de Hamlet pues “las enseñanzas de ese personaje lo convierten en una suerte de Maquiavelo gauchesco: la política despojada de toda ética, de toda raíz moral y de toda dignidad encuentra sustrato en el pensamiento de esa renegada creación del pensamiento de Hernández. El Viejo Vizcacha le dice a un hijo del gaucho Fierro que debe mantener una relación de obsecuencia con el poderoso. Emplea la metáfora de la rata y su madriguera para elogiar el conformismo; y la del burro (antítesis de la inteligencia) para decir que lo importante es saber donde “comer”. Desprecia a los pobres (“jamás llegués a parar / ande veas perros flacos”), recomienda dejar que el otro trabaje, y propone dedicarse a sacar provecho del esfuerzo ajeno. Además, desalienta la denuncia y auspicia la complicidad: “el que gana su comida / bueno es que en silencio coma”. La abolición de la lealtad se sintetizan en que él va donde le conviene para llenarse la barriga. Lo único que importa es el provecho propio. Y alcanzar ese fin justifica cualquier medio.” La Gaceta, 19 de mayo de 2013.
11. “Manos dibujantes” (Drawing hands en inglés): fue realizada por Maurits Cornelis Escher, (1898-1972, Holanda) más conocido como M. C. Escher, fue un artista holandés conocido por sus grabados en madera, xilografías y litografías que tratan sobre figuras imposibles y mundos imaginarios. Ver http://letrasamontonadas.wordpress.com/2009/12/27/m-c-escher-12/
12. Murió de tristeza: una expresión auténticamente poética o canina más que una realidad humana. Hasta la muerte por tristeza de Charles Boyer, dos días después de la muerte de su esposa, fue fraguada por el mismo actor, probablemente asesorado por fray Lorenzo de Verona que sigue suelto y haciendo nuevos estragos.

PERFIL/PROFILE
¿Quién es Osvaldo? Who is Osvaldo?
o (Si llegara a leerme demasiado tarde)
or (if you happen to read me a bit late)
¿Quién fue Osvaldo? Who was Osvaldo? (but don't get sad yet)
Osvaldo recibió tres títulos del M.I.T.: uno laboral, en ingeniería química; otro secante, en Filosofía, y otro humectante, de guardavidas de la Cruz Roja Internacional. Valga aclarar que nunca salvó a nadie.
Osvaldo obtained three degrees at M.I.T.: a major one in Chemical Engineering, a minor one in Philosophy, and a medium one in Lifesaving. Of course, he never saved anybody’s life.
Osvaldo practicó el humor antes del despido en sus variadas actividades:
Osvaldo practiced humour before he was fired from the numerous jobs and activities that he engaged in and we list below:
- como profesor de Humor en la Literatura en el MUSEO MALBA,
- Professor of Literary Humour at the MUSEO MALBA (Argentina’s MOMA),
- como Director de ingreso del I.T.B.A. entre los años 2000 y 2003 y profesor de Dirección de Proyectos durante 8 años en la misma institución,
- Dean of Admissions from 2000 to 2003 at the Buenos Aires Institute of Technology and full professor in Project Management during 8 years at the same institution,
- como Gerente de proyectos de la Organización TECHINT durante 10 años,
- Project Manager during 10 years at Techint, the largest engineering, procurement, and construction company in Argentina,
- como director de producción de la MINA ÁNGELA, yacimiento de oro, plata, cobre, plomo y zinc en la Patagonia, donde ni siquiera supo hacerse rico,
- Production Manager at MINA ÁNGELA, a gold, silver, copper, lead, and zinc mine where he didn’t become rich at all,
- como ingeniero en procesos de nylon de DUCILO (Du Pont Arg),
- Process engineer at DUCILO’s (DU PONT fibers) nylon factory in Berazategui, State of Buenos Aires, where he studied women’s stockings and underwear rather than women themselves,
- como profesor de Teoría del conocimiento y Metodología de la investigación en la U.T.N. Gral Pacheco, que durante su gestión se llamaron Teoría de la Ignorancia,
- Professor in Theory of Knowledge (Episthemology) at the UTN (National Technical University) graduate school, a course familiarly identified as Theory of Ignorance during his times,
- como escritor de fracasados libros y aburridos artículos, que actualmente están ubicados en las mesas de liquidación del Parque Rivadavia,
- writer of various unreadable books and many most boring articles,
- como columnista radial en FM CULTURA y RADIO DE LA CIUDAD, donde gracias si, por distracción, lo escuchaba algún colega de la mesa,
- radio commentator for FM CULTURA and AM RADIO DE LA CIUDAD,
- como coordinador de talleres literarios de niños, adolescentes y grandes,
- coordinator of literary worshops for children, teenagers and adults,
- como jugador de vóleibol de primera división de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, donde aprendió a vivir a los pelotazos.
- first division volleyball player for Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, one of the four top teams in the local league.

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