CONCIERTO ANUAL

CONCIERTO

POR OSVALDO PEUSNER

2 de febrero de 2013

 

Ciertamente la contienda en el concierto anual de música clásica del conservatorio centenario de la nación bicentenaria prometía ser terrible. Y prometía ser así porque se trataba de un concierto que, para muchos cumpliría las veces de una audición en la que podríamos lucirnos ante los oídos de un vasto público musical, familiar, amigo o vecino. También prometía ser así porque, sádica y tradicionalmente, los organizadores nos habían agrupado por rivalidad más que por afinidad estética. En particular, mi nombre había quedado anunciado como intérprete de un tema folklórico francés de autor anónimo, relegándome así detrás del nada anónimo nombre de mi máximo rival, a quien le habían asignado una deliciosa composición de Haendel.

Por un momento confié en que la mezcla de calor y de miradas  dentro del auditorio trastornaría los nervios de mi antagonista. Mi confianza duró lo que puede durarme la confianza a mí, unos pocos segundos hasta que, luego de una minuciosa observación de actitudes, gestos y posturas de mi rival, descubrí que nada en él reflejaba la presencia de sistema neurológico y, menos aún, de terminales nerviosos que pudieran conducirlo a nerviosismo alguno. Insensible y firme como una estatua de mármol de Carrara, pero sin la menor palidez. Viéndome perdido, traté de encontrar consuelo mudándome al pensamiento opuesto: si no llega nervioso al concierto, entonces no siente responsabilidad ante sí mismo, ante la audiencia y ante el instrumento, y se le notará durante la  interpretación. El público finalmente lo juzgará. Claro que lo juzgará en un país donde la Justicia está muy cuestionada, donde los jueces frecuentemente no están a la altura de sus cargos, en una cultura que sólo admite las sentencias de Dios por más que no deja de ser religiosamente ateo.

Pero silencio que ya larga con Haendel y pronto escucharemos el primer moco. A ver… a ver… a ver… Tengan paciencia que ya llega… ya … ya …ya están poniéndose de pie para abuchearlo, ya empiezan a meter ruido para echarlo… para que se arrepienta de haber venido al concierto… ¡tomá, tomá y tomá! …para que se tape los oídos con las dos manos y no escuchar… la ensordecedora ovación que le están dando. ¡Qué! Una ovación de pie para el renacuajo del violín. ¿A él se la dan? No lo están dejando salir del escenario y, encima, le piden bises en medio de una audición. Pero si no se puede creer. ¿No les dije que mandan micros a la cancha para convertir a los barras bravas en melómanos? Por suerte ya se están calmando. Habrán visto los móviles de la federal y la metropolitana afuera. Algunos de los violentos ya están sentándose  mientras los más activos seguramente están preguntándole al director del conservatorio por la pizza canchera y el chuenga.

Se hace un silencio para darle paso a un nuevo músico. ¡No! Me llaman a mí. No, no, pero si están anunciado la canción folklórica francesa. Ni en pedo. No soy tan boludo para tocar mi celo en medio de una corriente musical adversa. Yo me rajo ¡ya! Pero entre decidir mi salida y, efectivamente, salir del cadalso había kilómetros de pentagramas para interpretar, particularmente en un conservatorio musical de la República Argentina donde, por costumbre, las medidas de seguridad se estudian después de haber realizado las autopsias de los que han sonado (1) “prematuramente”. Para decirlo en palabras directas, sólo me quedaban dos posibles rumbos: el de la escalera hacia el escenario y el de la escalera de emergencia. No quise hacer el ridículo. Obviamente, mi caso correspondía a una emergencia y me lancé en esa dirección. Uno, dos, tres, cuatro, cinco pasos y ¡zas! detenido por alguna barrera, quizás una telaraña, una válvula de retención o una trampa cazabobos colocada por la dirección del conservatorio, seguramente luego de la fuga de algún solista relevante. Nunca logré definirlo. Lo que sí pude definir fue el sonido de la multitud abucheándome como debieron haber abucheado a mi rival del violín. Y tuve que escuchar cómo se acrecentaba el desagradable sonido porque ya los  patovas (2) que siempre frecuentan las instituciones artísticas apretaban mis bíceps para poder reconocer al tacto el estado de mis  cubitos y mis radios y  levantarme unos pocos centímetros sobre el suelo de manera tal que, al igual que el alíscafo del Buquebús, disminuyera mi fricción con la superficie y ganara así velocidad en mi aproximación al escenario. Sin embargo, no pude llegar a disfrutar demasiado de este movimiento casi ideal porque sobre el escenario me aguardaba la pianista con una expresión de horror digna de Scream (3) pues, en su caso, existía la posibilidad de perder los honorarios del concierto por mi abandono de interpretación, una figura legal con duros castigos para un violoncelista novel como yo, aunque el mismo acto le fuera piadosa y frecuentemente perdonado a músicos de la talla de Martha Argerich (4). Lo cierto es que el público no parecía comprender por qué había cuatro personas para ejecutar un dúo de piano y violoncelo, a menos que los dos corpulentos, a uno y otro lado del celo, estuvieran vinculados al canto folklórico francés. Alguien señaló que más que cantantes parecían gente preparada para hacer cantar a los demás. Pero ya uno de ellos me acercaba el arco mientras el otro arreglaba la partitura en mi atril. Me soltaron para que pudiera sentarme, fijar la pica en el piso y tomar el arco pacífico y amigable de los celistas, muy diferente del arco afilado y altivo de los violinistas, gente más cercana al florete que a las cuerdas (5). Miré a los ojos de la pianista para sincronizarnos. Comprendí que a ella ya nada le preocupaba; bastaría con una sola nota lanzada al espacio para cobrar su caché. Tomé aire, besé el mástil a unos diez centímetros de distancia del clavijero, recé en clave de Fa, rogué ser preciso en las posiciones, rumié en italiano por el legato, el pizzicato, el spiccato, el staccato y la muzzarella con fainá, adopté la facha de Luigi Boccherini e inicié la melodía tan aguardada por todos los franceses extraviados en el vecindario. El arco y los franceses me llevaron a recordar la imagen de Jeanne d’Arc, nuestra Santa Juana de Arco, quemada en la hoguera a las diecinueve años, quizás por algún error en un concierto de cuerdas. Cronológicamente, mi pensamiento carecía de sentido: la doncella de Orleans murió en 1431 y el violín y el violoncello nacieron en el siglo XVII. A tocar sin pensar, por favor. A tocar… y tocar… y tocar… Claro, todos los instrumentos de cuerda tienen forma de mujer, ¿cómo no pensar en tocarlos? Pero ¡cuidado! que muchos de ellos tienen nombres masculinos, como el violín, el celo y el contrabajo. Basta que… ¿cómo? … ¿ya se terminó la canción folklórica francesa y me la perdí porque mi cabeza había estado navegando durante la ejecución? Al menos la gente está aplaudiendo, seguramente por cortesía, sonriéndome, quizás porque ya no tendrán que aguardarme, perseguirme o, peor aún, escucharme;  mientras bajo del escenario mis ojos se cruzan con otros ojos de miradas divertidas, hasta que alcanzo la última fila del enorme auditorio donde me siento, me refugio y me lleno de blanca y silenciosa calma. Faltan varias ejecuciones más para poder desaparecer del salón. Y digo y repito bien, ejecuciones. Apenada y obviamente obligada, mi profesora se acerca para felicitarme. Le faltó decirme el clásico “très bien”. Mi docente anterior me mira con sorna como diciéndome: ¿viste, guacho, que tenía razón al no atenderte más el teléfono? Pero ya salimos del conservatorio. Mi rival y yo quedamos uno junto al otro, como dos gemelos musicales. Él se retira llevando consigo  su talento, su alegría, su violín ¾ y sus diez años de edad; yo lo hago con un estuche enorme, donde, además del instrumento, guardo medio siglo de vida más que él, una biblioteca de serias dudas existenciales y la partitura que me han entregado para lucirme en el próximo concierto anual, un tema de 1893 de las hermanas Smith Hill, de Kentucky, al que llaman “Happy Birthday”.

 

A Florencia Stabilini y Mauricio Weber,

mis maestros musicales y víctimas de mi violoncello,

A Homero y a Fay porque, desde sus planos canino y felino respectivamente, nunca me abandonan en las clases de                                                          violoncello.

 

1) sonado: expresión popular que significa “muerto”. Quizás tiene que ver en la campana que se tocaba cuando el cortejo fúnebre entraba al cementerio o, también quizás, porque los muertos pueden tocar el arpa en las ceremonias celestiales.

2) patovas: contracción de “patovicas”, término peyorativo con el que se nombra a los empleados de seguridad de los boliches bailables o de recitales.

3) Scream: película de terror de 1996 donde un fantasma asesino llamado “Ghostface” luce un rostro inspirado en “El grito” del pintor noruego Edvard Munk (1863-1944) quien, a su vez, bien podría haberse horrorizado por el plagio de su obra a manos de la cinematografía.

4) Martha Argerich pianista argentina de renombre internacional que aún, afortunadamente, desconoce mis virtudes musicales.

5) Giuseppe Tartini, Piran, Eslovenia, (1692-1770), maestro de violín y de esgrima.

 

 

 

 

 

PERFIL/PROFILE
¿Quién es Osvaldo? Who is Osvaldo?
o (Si llegara a leerme demasiado tarde)
or (if you happen to read me a bit late)
¿Quién fue Osvaldo? Who was Osvaldo? (but don't get sad yet)
Osvaldo recibió tres títulos del M.I.T.: uno laboral, en ingeniería química; otro secante, en Filosofía, y otro humectante, de guardavidas de la Cruz Roja Internacional. Valga aclarar que nunca salvó a nadie.
Osvaldo obtained three degrees at M.I.T.: a major one in Chemical Engineering, a minor one in Philosophy, and a medium one in Lifesaving. Of course, he never saved anybody’s life.
Osvaldo practicó el humor antes del despido en sus variadas actividades:
Osvaldo practiced humour before he was fired from the numerous jobs and activities that he engaged in and we list below:
- como profesor de Humor en la Literatura en el MUSEO MALBA,
- Professor of Literary Humour at the MUSEO MALBA (Argentina’s MOMA),
- como Director de ingreso del I.T.B.A. entre los años 2000 y 2003 y profesor de Dirección de Proyectos durante 8 años en la misma institución,
- Dean of Admissions from 2000 to 2003 at the Buenos Aires Institute of Technology and full professor in Project Management during 8 years at the same institution,
- como Gerente de proyectos de la Organización TECHINT durante 10 años,
- Project Manager during 10 years at Techint, the largest engineering, procurement, and construction company in Argentina,
- como director de producción de la MINA ÁNGELA, yacimiento de oro, plata, cobre, plomo y zinc en la Patagonia, donde ni siquiera supo hacerse rico,
- Production Manager at MINA ÁNGELA, a gold, silver, copper, lead, and zinc mine where he didn’t become rich at all,
- como ingeniero en procesos de nylon de DUCILO (Du Pont Arg),
- Process engineer at DUCILO’s (DU PONT fibers) nylon factory in Berazategui, State of Buenos Aires, where he studied women’s stockings and underwear rather than women themselves,
- como profesor de Teoría del conocimiento y Metodología de la investigación en la U.T.N. Gral Pacheco, que durante su gestión se llamaron Teoría de la Ignorancia,
- Professor in Theory of Knowledge (Episthemology) at the UTN (National Technical University) graduate school, a course familiarly identified as Theory of Ignorance during his times,
- como escritor de fracasados libros y aburridos artículos, que actualmente están ubicados en las mesas de liquidación del Parque Rivadavia,
- writer of various unreadable books and many most boring articles,
- como columnista radial en FM CULTURA y RADIO DE LA CIUDAD, donde gracias si, por distracción, lo escuchaba algún colega de la mesa,
- radio commentator for FM CULTURA and AM RADIO DE LA CIUDAD,
- como coordinador de talleres literarios de niños, adolescentes y grandes,
- coordinator of literary worshops for children, teenagers and adults,
- como jugador de vóleibol de primera división de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, donde aprendió a vivir a los pelotazos.
- first division volleyball player for Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, one of the four top teams in the local league.

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