RELACIONES A MEDIAS

LA OTRA MITAD

por Osvaldo Peusner

21/11/2012

 

 

Esta historia transcurre en aquellos tiempos en los que no existían teléfonos celulares en los cintos, en los bolsillos o en las carteras ni navegadores en las computadoras ni siquiera computadoras personales en los portafolios. No existía casi nada, aunque las cosas estuvieran un poco mejor que en el primer día del Génesis (1), un libro muy vendido que me tomo la libertad de recomendarles. Para decirlo mejor, corrían otros tiempos. Pero le dejaré el tiempo a nuestro amigo Luis, el personaje de “¿Qué hora es?” (2),  y me dedico a esta historia que trata de un corte, para ser más específico, del corte de una relación de pareja.

Todos nosotros sabemos que los cortes son muy importantes en esta época, desde la peluquería, la sastrería, la carnicería y otras “ías” más… pero no nos anticipemos en el desarrollo que el argumento sigue marchando a su propio ritmo. Igualmente recordemos que, así como el corte psicoanalítico no busca interrumpir el discurso del paciente sino resaltar el punto del corte para fomentar un crecimiento en el individuo, y así como en la fabricación de indumentaria, el corte no es una acción para destruir la tela sino un paso previo y obligado para poder iniciar la confección de la prenda, asimismo el corte de  las relaciones de pareja también puede dar lugar a una mejora en el estado y en el trayecto de sus integrantes. Valga aclarar, en este caso, que la experiencia señala  todo lo contrario… pero aguardemos un momento mejor para decirlo.

Lita y Lito tenían la misma edad, casi el mismo nombre, los mismos círculos, los mismos usos y costumbres, y se habían emparejado hacía dos años y para siempre. Bueno, para siempre que el loto o el destino no les presentara un tercero o una tercera en sus azarosos rumbos. Pero en esta oportunidad, Lita quería darse una oportunidad justa con Lalo, un joven de su misma edad recién  aparecido en su camino, en sentido contrario, y quería también ser justa con Lito, a quien quería ver también en su mismo camino, en sentido lejano, ya que dos años innegablemente contaban como  dos años, pero gracias a Dios, no eran los cuatro que podrían haber sido. Luego, Lita decidió hacer lo que jamás había hecho en su nada extensa y nada literaria vida: cortar formal y fehacientemente con su pareja escribiéndole una “carta de no amor”. Un tema nada fácil pues nuestra literatura está plagada de insoportables cartas de amor, que milagrosamente siguen vendiéndose a pesar de que no son más que colecciones de lugares comunes, rejuntes y frases hechas que se dicen, más tarde, con sentimiento impostado, en los teleteatros o en los albergues transitorios para que las crean los receptores y las receptoras, que también las tienen archiconocidas pero que disimulan porque, al fin de cuentas, nadie va a esos sitios para aprender literatura, es más, nadie va a ningún sitio para aprender literatura, de allí que algunos de ustedes sigan leyéndome. Pero continuemos con nuestra protagonista que necesita ayuda para darle el pasaporte sellado a Lito, que está totalmente desprevenido mientras avanza sobre Lola, una joven a quien no sabemos por qué la bautizaron así, aunque tampoco sabemos si sus documentos la registran bajo ese nombre o si lo lleva por razones artísticas o comerciales.

Volvamos a Lita, quien nació y creció en la ciudad de Buenos Aires y quien, desde su temprana adolescencia, concurría a una sesión más o menos psicoanalítica semanal en la que dialogaba sus cuitas con una terapeuta que también tenía sus propias cuitas pero que, en lugar de resolverlas en los consultorios, prefería el ámbito ameno de la Confitería Victoria Cream de Coronel Díaz (3) donde muchas de sus colegas también merodeaban en busca de presas que, como Lito y Lalo, tampoco eran precisamente víctimas de las cacerías. En este punto usted, en toda justicia, podría decirme que el psicoanálisis nada tiene que ver con el diálogo y menos todavía con el consejo. Pero, hágame el favor de no distraerme porque se me escaparon los hilos mientras Lita le consultaba a Leda cómo redactar su carta terminal.

– Tenés que respetar tu deseo – le sugirió la terapeuta tratando de darle resonancia a la obviedad y a su falta de imaginación.

– ¿Le digo BASTA? – preguntó tímidamente.

– Demasiado fuerte, Lita – respondió Leda -. Seguimos el lunes.

Si le hubiera hecho la pregunta unos minutos antes, seguramente ya contaría con una buena línea de despedida, pero llegó tarde por hablarle de la adicción de la nueva novia de su padre por los espejos y las manzanas rojas y ahora se había quedado sin nada. Bueno, todavía el abogado de la familia, el Dr. Barbosa, podía brindarle alguna recomendación legal.

– Habida cuenta de su relato, al que tomo como verídico a pesar de no contar con testimonio o prueba alguna, debo confesarle que no veo en el mismo causal alguno de preocupación pues nada de lo antedicho puede originarle un litigio. No habiendo relación formal registrada y, menos aún un contrato vigente, no habría la menor causa para buscar una rescisión y/o para sentirse obligada a compensar a la eventual otra parte.

– Pero ¿qué le escribo para que se vaya, doctor? – rogó Lita como si el letrado hubiera sido un miembro de la Suprema Corte de Justicia elegido con justicia.

– Nada, niña – contestó el abogado asintiendo porque se convencía de sus propias magras palabras -. Mejor no dejar nada escrito.

Lita sabía que esta vez había que hacer mucho más que darle  a Lito una palmada en la espalda, lo que se llama un “attaboy” (4) en los Estados Unidos, y decidió conversar sobre el tema con su profesor de Filosofía de Historia de las Artes, ya que el individuo parecía manejar el fondo y la forma, el qué y el cómo, y parecía  encarar la cuestiones importantes de la vida, en este caso, el concepto de la despedida.

– Antes de hablar sobre una despedida de dos es necesario definir si esos dos se han encontrado previamente pues, de no ser así, estaríamos trabajando un concepto quimérico, lo que no es la función de la Filosofía sino de las pseudociencias, entre las que incluiríamos a la alquimia, la astrología, la homeopatía, la quiromancia,  las flores de Bach, etc. Son saberes valiosos pero no repetibles ni divulgables según nuestros criterios científicos. Comencemos por el comienzo. ¿Han estado sus seres abiertos al Ser en el que se encuentran (5)?

Al ver el rostro de Lita descompuesto por Heidegger y por la ignorancia, el profesor trató de arrimarle el bochín con mayor cuidado:

– Si nos remitimos al Banquete de Platón (6), ¿vos fuiste alguna vez la media medalla complementaria de tu pareja? ¿Fueron ustedes un mismo ejemplar antes del corte efectuado por los dioses y por eso mantuvieron un magnetismo que los llevó, más tarde, a atraerse entre ustedes, como lo desarrolla Aristófanes (7) en su discurso platónico?

– Ah, sí, yo vi Lisístrata (8) en el teatro – se aferró Lita.

– Muy bien, Lita – aplaudió el profesor que no imaginaba a su alumna haciendo el prodigioso vínculo entre el Aristófanes de El Banquete con el Aristófanes de la comedia -. Es el mismo autor sólo que en el diálogo las palabras de Aristófanes las escribe Platón y en la obra de teatro el que escribe es el propio comediógrafo. Lo importante para nosotros es que Platón dedica todo su diálogo al amor, mientras que Aristófanes dedica su obra a criticar la preferencia de los hombres al amor por la guerra que al amor por las mujeres y por la vida.

Mientras comprendía estas nuevas ideas, Lita sintió que jamás podría escribir su carta de despedida si empleaba los próximos años en entender a este divagante con sus ideas. Decidió pedirle ayuda al médico de cabecera, que no era, como en estos tiempos de celulares, un empleado dedicado a bajar los gastos de la compañía de seguros llamadas “prepagas” quitándole servicios a los afiliados para lucrar mejor con la salud, sino un señor elegante que iba de domicilio en domicilio, donde las familias del enfermo lo aguardaban con la mejor toalla de la casa reservada con exclusividad para el doctor y su lavado de manos antes y después de la revisación, un café o un té según el gusto del individuo, una cuchara sopera recién lavada para sostener la lengua mientras el paciente mostraba su epiglotis y en algunos sitios algunas bolsitas de naftalina (9) y un frasco de Espadol (10).

– Antes de mandarle cualquier carta, controlemos si estás embarazada o si te pasó alguna venérea. Nos lleva unos pocos días más pero nos da una gran tranquilidad.

¿A quién?, le hubiera preguntado Lita pero ya estaba rumbeando hacia su director técnico del equipo de vóleibol, que parecía tener las ideas definidas para todo:

– No, Lita, no. Primero defendemos y después atacamos. Nosotros elegimos el contraataque.

– Pero si él no va a atacar nunca. Ni sabe que pienso dejarlo – en este punto debemos recordarle al lector que, entre sus jugadores, nuestro equipo cuenta con un narrador omnisciente que puede verlo todo y contárselo a usted, pero Lita carece de dicha información y no se imagina siquiera que Lito ya está pensando en Lola y, peor aún,  haciendo de las suyas en el Victoria Cream.

– Mejor para nosotros porque no va a sorprendernos.

No había nada para escuchar. Buscó el apoyo de la oveja negra de la familia, su único tío militar, quien tenía una claridad teórica digna de Clausewitz (11).

– Tenemos que destruir a la fuerza enemiga sin “limitar este concepto simplemente a las fuerzas físicas”…”deben comprenderse en ellas, necesariamente, las morales”.

– ¿Tan bélico? – preguntó Lita reparando por vez primera en la raíz estética del guerrero adjetivo.

– Toda la vida es un combate – agregó el mayor retirado.

Bueno, se dijo Lita, está claro que tengo que arreglármelas sola. Sonrió porque siempre terminaba arreglándoselas sola o con ayuda del destino, que también estaba solo. ¿Podría armar una  pareja con el destino? No, no era una buena idea. El destino andaba más cerca de las tragedias que de la vida despejada que a ella le gustaba. Y el tema actual no era de tragedia sino de amor aunque fuera de finales de un amor o, quizás, de comienzos de otro amor o, quizás, de finales y comienzos simultáneos y amorosos. Entonces…había que escribir una buena carta en una época en la que todavía no se podía buscar otra carta en la web porque la web no existía aún, ni tampoco se podía copiar directamente de un libro pues, como la fotocopiadora aún no había sido inventada (12), todavía los libros debían de ser leídos para extraerles sus contenidos. A revisar la biblioteca familiar para encontrar algo digno de imitar. ¿Las cartas de Groucho Marx? (13)  Mucho humor pero ninguna despedida. ¿El amor en tiempos del cólera de García Márquez? (14) Muchas cartas de amor ocultas bajo un velo comercial; ninguna de utilidad para una ruptura. ¿El diario de un seductor de Soren Kierkegaard? (15) Muchas cartas de amor que no dejaban de ser cartas de engaño que tampoco le servían a nuestra protagonista. ¿Las oraciones fúnebres de Bossuet (16)? Excelentes despedidas contando con la contraparte muerta, un tema bastante contrario a la intención de Lita y al deseo de Lito. ¿Las cartas de Margarite Yourcenar a sus amigos (17)? Demasiada perfección literaria para comunicar un simple adiós entre dos jóvenes. ¿Cartas a un joven poeta de Rilke (18)? Diez cartas para encaminar a un joven estudiante de otro siglo y, de paso, a toda la humanidad por todos los siglos pero más centradas en acentuar la soledad para crecer que para fomentar atomizaciones azarosas. “… ¿entonces, qué?”, nos diría Borges en “La flor de Coleridge” (19). ¿Las Rimas de Bécquer (20)? Eran versos de amor vigente o de amor pasado que seguía siendo amor; lo que no había contemplado el poeta era la despedida amorosa, es decir, nuestro tema. Como ven, ninguna solución a la vista, hasta que la sugirió el  pequeño libro de aforismos del anticuario Claudio Lerena (21): “Nos unimos/como las caras de una moneda/¿Será por eso que ahora miramos/ para lados diferentes?” Lo leyó una y otra vez; pudo  comprender que el autor le estaba leyendo la situación y el alma a la vez. Tendría que pedirle permiso al autor para usar sus palabras, pero vivía en Capilla del Señor, demasiado lejos. No lo dudó. Tomó una hoja rayada con margen doble azul y con su estilográfica a pistón cargada con tinta Pelikan (22) y con su mejor letra cursiva del cuadernillo de caligrafía Kapelusz (23) copió el texto sin errores. ¡Perfecto!, gritó. Sí, perfecto, pero ubicado en la parte superior de la página, ya que en el pasado no existía la “vista preliminar” del documento antes de imprimirlo. Lita evaluó entonces si reescribir la esquela o si cortar la página al medio para separar el escrito del vacío. Tomó el segundo curso. Dobló la  página al medio y con el afilado cortapapeles cortó el papel mejor que con una guillotina. Tiró la mitad de la página al cesto, la otra mitad la colocó en un sobre forrado, cerró la solapa y la pegó con cola natural al reverso del sobre.

Sin escribir aún el nombre del destinatario en el anverso, Lita fue al Correo Central para despachar la carta sin que se demorara en las sucursales barriales y para que llegara así, cuanto antes, a las manos del desprevenido Lito. El apremio era explicable pues el sábado por la noche Lita tenía programada su primer salida pública con Lalo y quería cumplirla dentro de la ley o, al menos, sin culpas exageradas, una cuestión que había tratado en sesión con Leda, quien le había dado su mejor precisión lacaniana y nominal: ¡nada de lodo!

Ya en el Correo, Lita apoyó el reverso del sobre en la superficie de uno de los cómodos mostradores inclinados y, entonces sí, sin temor a perder una carta identificada en la calle, con su mejor cursiva escribió el nombre, el apellido y la dirección de Lito en el anverso, dio vuelta el sobre, y escribió los mismos datos de la remitente, es decir ella misma, en la solapa. Pagó las estampillas de un servicio “expreso”, las pegó junto al nombre del destinatario y depositó el sobre en un buzón adecuado al servicio. Entonces se relajó del peso del trámite y de la más pesada, sofocante y abrumadora relación con Lito, tomándose un rato de descanso en uno de los bancos de la Plaza Roma (24).

Como usted seguramente previó, el sábado por la noche las dos nuevas parejas se dieron de narices en el cine Gran Rex. Los dos recién llegados hicieron un espacio para que Lita y Lito pudieran dialogar brevemente.

– Gracias por la carta, Lita – empezó el joven –. Fue muy clara.

– ¿De verdad te gustó, Lito? – le preguntó ella como si él le hubiera estado agradeciendo un gesto o un regalo -. ¿Te resultó poética?

– Sí, tenía la poesía del silencio – contestó el muchacho a quien, evidentemente, no le gustaban ni las cartas de despedida ni las de despido.

– ¿Sentiste que te decía lo correcto? – insistió en preguntar Lita.

– Sí, claro que sí. Nadie podría haberme dicho algo tan positivo y filosófico en una sola imagen y sin palabras que…

Lita lo miró sorprendida porque el aforismo de Claudio era conciso, como todo aforismo, pero no le faltaban palabras. Igualmente Lito proseguía:

– … esa media hoja en blanco me dijo que nos habíamos separado y que teníamos que empezar a escribir una nueva vida en la mitad del papel que nos quedaba. Triste pero hermoso. Gracias, Lita. Aquí llegan nuestros nuevos textos.

Y efectivamente con sus nuevos acompañantes frescamente retornados de los baños, cada pareja vio la película por su lado, aunque durante toda la función, Lita sólo pensó en recuperar del cesto de la basura su verdadera media carta de despedida.

A la memoria del ingeniero Luis Ejarque, director de proyectos, cultura y humor

 

 

1) Génesis: primer libro de Moisés en el Antiguo Testamento. Gracias a este libro tenemos: los cielos y la tierra, la luz, el día y la noche, la tarde y la mañana, los mares, la hierba verde, el árbol de fruto, el sol, la luna y las estrellas, los reptiles y las aves, las ballenas, las bestias y las serpientes y los animales de la tierra y, por fin, los hombres, las mujeres, los escritores, las escritoras, los lectores, las lectores y yo mismo. “Y vio Dios que era bueno”.

2) El cuento “¿Qué hora es?” está dedicado a Luis, el hombre del tiempo, y aparece desde el 3 de noviembre en mi página web www.humordeosvaldo.com.ar

3) Victoria Cream: locales dedicados a la heladería y el servicio de café.

4 Attaboy: expresión en inglés derivada de “That’s the boy!” (¡ése es el muchacho!) y que sirve para dar una señal de aprobación. En las empresas el Attayboy, consistente en una palmada en la espalda del subordinado, frecuentemente intenta reemplazar al incremento salarial.

5) Heidegger, M. – Ser y Tiempo, 1927. Una vez que lea el libro  de Heidegger, usted comenzará a pensar que mis textos son “amigables”.

6) El banquete, diálogo de Platón sobre el amor (380 aC).

7) Aristófanes: el comediógrafo ateniense más famoso (444 aC–385 aC), enemigo de Sócrates de quien se mofa en “Las nubes”.

8) Lisístrata: obra de Aristófanes en la que las mujeres hacen huelga sexual para que los hombres dejen de guerrear.

9) naftalina: “es el nombre comercial del naftaleno, un sólido blanco, presentado en forma de bolas para ahuyentar las polillas”, wikipaedia

10) Espadol: desinfectante clorado muy popular en otras épocas.

11) Clausewitz, Carl Philipp Gottlieb von (1780-1831): militar y filósofo prusiano dedicado a la ciencia militar.

12) fotocopiadora: invento rechazado por la consultora Arthur D. Little por considerarlo “carente de interés comercial”.

13) Cartas de Groucho Marx, Contraseñas, 1975.

14)                  El amor en tiempos del cólera, Gabriel García Márquez, 1985, novela.

15)  Kierkegaard, Soren, Diario de un seductor (1844).

16)  Bossuet, Jacques Bénigne (1627-1704), obispo francés, uno de los mejores oradores de todos los tiempos, dedicó doce oraciones fúnebres a grandes personajes donde exaltó sus propia filosofía.

17)  Yourcenar, Margarite, Gallimard, (1995), Cartas a sus amigos.

18)  Cartas a un joven poeta, Rainer María Rilke, (1929).

19)  “La flor de Coleridge”, Jorge L. Borges, Obras Completas, Emecé (1974), página 639.

20)  Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer, poeta romántico español (1836-1870).

21)  Claudio Lerena, Armando, Aforismos, Editorial Lisica 1985.

22)  Pelikan, fábrica de lapiceras estilográficas y tintas creada en 1832 por el químico alemán Carl Hornemann. En 1871 Günter Wagner adquiere la fábrica y utiliza el pelicano alimentando las crías como logotipo.

23)  Kapelusz, Método de Escritura de la Editorial.

24)  Plaza Roma, ubicada sobre la avenida Leandro Alem entre Lavalle y Tucumán a una cuadra del Correo Central.

 

 

 

 

 

 

PERFIL/PROFILE
¿Quién es Osvaldo? Who is Osvaldo?
o (Si llegara a leerme demasiado tarde)
or (if you happen to read me a bit late)
¿Quién fue Osvaldo? Who was Osvaldo? (but don't get sad yet)
Osvaldo recibió tres títulos del M.I.T.: uno laboral, en ingeniería química; otro secante, en Filosofía, y otro humectante, de guardavidas de la Cruz Roja Internacional. Valga aclarar que nunca salvó a nadie.
Osvaldo obtained three degrees at M.I.T.: a major one in Chemical Engineering, a minor one in Philosophy, and a medium one in Lifesaving. Of course, he never saved anybody’s life.
Osvaldo practicó el humor antes del despido en sus variadas actividades:
Osvaldo practiced humour before he was fired from the numerous jobs and activities that he engaged in and we list below:
- como profesor de Humor en la Literatura en el MUSEO MALBA,
- Professor of Literary Humour at the MUSEO MALBA (Argentina’s MOMA),
- como Director de ingreso del I.T.B.A. entre los años 2000 y 2003 y profesor de Dirección de Proyectos durante 8 años en la misma institución,
- Dean of Admissions from 2000 to 2003 at the Buenos Aires Institute of Technology and full professor in Project Management during 8 years at the same institution,
- como Gerente de proyectos de la Organización TECHINT durante 10 años,
- Project Manager during 10 years at Techint, the largest engineering, procurement, and construction company in Argentina,
- como director de producción de la MINA ÁNGELA, yacimiento de oro, plata, cobre, plomo y zinc en la Patagonia, donde ni siquiera supo hacerse rico,
- Production Manager at MINA ÁNGELA, a gold, silver, copper, lead, and zinc mine where he didn’t become rich at all,
- como ingeniero en procesos de nylon de DUCILO (Du Pont Arg),
- Process engineer at DUCILO’s (DU PONT fibers) nylon factory in Berazategui, State of Buenos Aires, where he studied women’s stockings and underwear rather than women themselves,
- como profesor de Teoría del conocimiento y Metodología de la investigación en la U.T.N. Gral Pacheco, que durante su gestión se llamaron Teoría de la Ignorancia,
- Professor in Theory of Knowledge (Episthemology) at the UTN (National Technical University) graduate school, a course familiarly identified as Theory of Ignorance during his times,
- como escritor de fracasados libros y aburridos artículos, que actualmente están ubicados en las mesas de liquidación del Parque Rivadavia,
- writer of various unreadable books and many most boring articles,
- como columnista radial en FM CULTURA y RADIO DE LA CIUDAD, donde gracias si, por distracción, lo escuchaba algún colega de la mesa,
- radio commentator for FM CULTURA and AM RADIO DE LA CIUDAD,
- como coordinador de talleres literarios de niños, adolescentes y grandes,
- coordinator of literary worshops for children, teenagers and adults,
- como jugador de vóleibol de primera división de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, donde aprendió a vivir a los pelotazos.
- first division volleyball player for Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, one of the four top teams in the local league.

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